Por: Alberto Díaz.–
Quizás. El partido fue de altas y bajas. Millonarios arrancó con muchas ganas pero se fue diluyendo en un mar de imprecisiones, el partido se hizo aburrido y sin alternativas, poca movilidad, mucho juego al pelotazo y poco por las bandas. Rangel no inquietó, el penal botó y después se lesionó. No aparecía la genialidad de Candelo, Ochoa y Machado nada aportaban, Villarreal errático y ansioso.
La defensa estática, Vásquez andariego, los dorados encerrados atrás y sin dejar espacios para maniobrar. Nuñez, de gran actuación, envió un pase magistral para el descuento azul de Mayer.
En ingreso de Agudelo y Silva -algo displicente- buscaba mayor movilidad y quitar el control de balón al rival que envalentonado se vino encima. Cuando peor jugaba el local -sin fuerza, sin alma, cansado- apareció el contragolpe y centro oportuno de Nuñez para el remate de cabeza del joven delantero. Con la ventaja dos a cero, el partido se hizo de trámite para enfriarlo.
El árbitro Gamarra -muy regular- se comió jugada de penal a Henríquez. Se viene el clásico, siempre vigente, a otro precio. Veremos si la mano del técnico Israel aparece y logra estructurar a que juega o cual es la filosofía del equipo en el campo de juego, ordenar las piezas y buscar sumar en la tabla.
Albiazul saludo.







