El inicio de 2026 marca una hoja de ruta clara para el comercio exterior colombiano: la dependencia positiva de los mercados norteamericanos y el despertar definitivo de los sectores no mineros. Según el más reciente informe del DANE, las exportaciones de Colombia hacia Estados Unidos alcanzaron los US$ 1.356,9 millones en enero, un salto del 17% en comparación con el mismo mes del año anterior.
Esta cifra no es menor. Estados Unidos ya concentra el 32% del total de las ventas externas del país, reafirmándose como el socio comercial indispensable en un momento donde la diversificación de la canasta exportadora es la prioridad nacional.
El agro y las manufacturas: los nuevos protagonistas
La noticia de fondo no es solo cuánto se exportó, sino qué se exportó. Mientras el sector minero-energético mostró una leve contracción del 3,4%, el bloque no minero-energético (NME) disparó sus motores con un crecimiento del 28%, rozando los mil millones de dólares en ventas hacia territorio estadounidense.
Dentro de este dinamismo, el sector agropecuario sigue sacando la cara por el país:
- Café, té y especias: Lideraron el rubro con US$ 276,3 millones (+52,6%).
- Pescados y derivados: Registraron un crecimiento explosivo del 123,1%.
- Animales y sus derivados: Repuntaron un 99,2%.
Por su parte, las manufacturas demostraron que la industria local tiene sello de exportación, creciendo un 33% y representando más de la mitad de todas las ventas manufactureras que Colombia hace al mundo.
El análisis de AmCham Colombia
Para María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, estos resultados validan la relevancia estratégica del mercado estadounidense. «Estados Unidos se mantuvo como el principal socio comercial al concentrar el 32% del total de las exportaciones colombianas al mundo», destacó, señalando que el crecimiento global de las ventas del país (13%) estuvo fuertemente apalancado por este destino.
Sin embargo, el informe también arroja luces de alerta en sectores específicos. El segmento de confecciones sufrió una caída del 30,7%, una señal de que la competitividad en textiles requiere una revisión urgente frente a los retos logísticos y de costos de producción que enfrenta la industria nacional.





