Gigante afuera, frágil adentro: el desafío de las “cucarachas” en India

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Por Javier Mozzo Peña

Imágenes de Al Jazeera TV mostraban al líder opositor al actual gobierno de la India, Rahul Gandhi tratando infructuosamente de resistirse, tirado en el piso, a la detención a la que lo iba a someter la policía en Nueva Delhi.

Gandhi era apaleado sin consideración, mientras una multitud trataba de sacarlo del caótico corrillo formado por autoridades y protestantes en las calles de la capital del gigante asiático.

Se trató de una de las más graves movilizaciones contra el gobierno de Narendra Modi. 

Una escena que Occidente pocas veces había visto en la potencia nuclear de más de 1.400 millones de habitantes.

La autodenominada ‘Revolución de las Cucarachas’ —con Gandhi y sus seguidores a la cabeza— llegó hasta las mismas puertas de la residencia del primer ministro, un líder que gobierna desde 2014 y no da muestras de querer soltar el poder.

Ante una clase política opositora tradicional que ha sido asfixiada e incapacitada, como muestra el arresto del dirigente, ha sido la Generación Z desempleada la que, de forma orgánica, asumió la primera línea de resistencia.

Esta vulnerabilidad interna podría tener serias proyecciones internacionales para un país históricamente caracterizado por su no alineamiento, pero cuya compleja política de compra de armamento hoy lo obliga a hacer malabares entre Occidente, Rusia y China.

Las movilizaciones, que completaron más de dos meses surgieron por la filtración de las respuestas de los exámenes de admisión a las facultades de medicina en mayo pasado.

La situación afectó a más de 2 millones de estudiantes, pues las pruebas para acceder a 150.000 cupos fueron canceladas, lo que causó, entre otras, suicidios.

El desempleo juvenil y las pocas oportunidades para los menores de 30 años son una bomba de tiempo que puede llevarse por delante a Modi y su gobierno nacionalista, cuyas fisuras empiezan a verse.

El llamativo nombre del movimiento juvenil surgió del uso despectivo del magistrado de mayor rango del tribunal superior de la nación, que comparó a los jóvenes descontentos y activistas desempleados con esos insectos y con “parásitos de la sociedad”.

Aunque las protestas de las “cucarachas” terminaron el sábado con la dimisión del ministro de Educación, los jóvenes ya “midieron el aceite” a Modi.

El estallido social está latente y se seguirá despertando si la crisis de desempleo de la Generación Z y las irregularidades y la corrupción de toto tipo, siguen siendo la impronta de la administración.

Es seguro que Modi seguirá entregando cabezas de sus funcionarios para mantenerse en el poder.

Pero las costuras de su administración están a la vista: desempleo, aumento de precios, disminución de ingresos, la crisis agraria y la desigualdad. Nada diferente a lo que padecen otros países subdesarrollados.

El panorama interno de agotamiento choca directamente contra la ambiciosa agenda exterior que se propuso el primer ministro.

Esta última consiste en consolidarse como una potencia democrática -es el país donde más personas votan en el mundo, en comicios que suelen durar más de un mes- y convertirse en un contrapeso efectivo a las ambiciones chinas en el indo-pacífico por medio de una modernización y compra de armamento pocas veces vista en el sur asiático. 

Es cruce entre la fragilidad de la política interna y la estrategia de acumulación de poder regional, está siendo monitoreada por centros de pensamiento geopolítico y analistas.

Para estos últimos, el país entró en una fase de “ira” que será difícil de administrar para Modi.

Anmol Jain, abogado de la Universidad de Melbourne, escribió esta semana en Verfassunsgblog, que la trayectoria del gobierno con más de una década en el poder, empezó con una fase de esperanza cuando arrancó en 2014 y le siguió una de miedo, apoyada en el discurso gubernamental de seguridad nacional frente a las amenazas de Paquistán, China y la infiltración fronteriza. 

Hoy está en una etapa de enojo e ira que se ha manifestado en las calles en los últimos dos meses.

En el frente externo, India ha hecho progresos en cuanto a construir una armada moderna, avanzar en su equipamiento nuclear, construir bases en sus islas en el suroeste del Océano Índico y modernizar su ejército. Pero como no puede hacerlo solo, Modi se ha acercado y ha firmado importantes y multimillonarios contratos con Rusia, Francia y Alemania.

Modi lleva tres períodos en el poder y, a pesar de que él y su partido gozaban de un control abrumador con su discurso nacionalista, los votantes le negaron en 2024 la mayoría absoluta de la que disfrutó cuando comenzó en la década pasada.

Según el investigador y profesor asistente de historia india, Diego Maiorano, por el momento, el futuro del país como democracia parece incierto.

Las trazas autoritarias del gobierno de Modi tras 12 años en el poder permitieron que la oposición de 26 partidos políticos se alineara y se uniera, con lo que ya le arrebató la mayoría absoluta en el Congreso.

El primer ministro también ha usado el aparato estala para encarcelar opositores, de acuerdo con medios de comunicación. 

Es el caso de Hemant Soren y Arvind Kejriwal, ex jefes de gobierno regional, detenidos por causas sobre fraude de tierras y políticas sobre alcohol. Las detenciones ocurrieron cerca de las elecciones generales de hace dos años, lo que provocó denuncias sobre uso partidista de las instituciones del estado.  

Para las naciones democráticas de fachada, donde un mismo líder o un partido lleva años en el poder, moldeando un sistema a su favor, el caso indio demuestra tres realidades:

La primera es que la maquinaria estatal y la propaganda pueden crear un aura de triunfo inevitable, pero no garantizan un control absoluto. 

La segunda es que reprimir a opositores y polarizar a la sociedad terminan despertando el instinto de supervivencia democrática de los ciudadanos, lo cual, cuando se trata de las cucarachas, es aún más latente.

Y la tercera es que mientras el oficialismo indio basó gran parte de su campaña en un nacionalismo religioso y de culto a la personalidad, los votantes siempre votan pensando en si en sus bolsillos hay dinero, que puedan adquirir los bienes de primera necesidad a precios razonables y que gocen de las mismas oportunidades.

La escena de Rahul Gandhi arrastrado por la policía en Nueva Delhi no es una muestra de la fortaleza de Modi. Es el síntoma de un gobierno que solo sabe responder con represión al agotamiento de su propio modelo.

Al calificar a sus jóvenes como «cucarachas», el sistema repitió el error de los regímenes desconectados de su realidad: subestimar la capacidad de supervivencia de los marginados.

Hoy, esa juventud desempleada se ha apropiado del insulto para recordarle al poder una lección básica: cuando pisoteas a una generación entera, el problema no es lo que aplastas, son los millones que empiezan a salir de las grietas.

@javimozzo

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Javier Mozzo
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