- Resumen y traducción de J. R. Bermúdez, periodista
Somero resumen de cómo los chinos han aprendido a utilizar a Trump en su favor
En la escena internacional se miden dos colosos, por lo que representan y lo que son: Donald Trump, personificación del Imperio, en la cúspide desde 1945, cuando tuvo el liderazgo económico y militar del mundo y Xi Jinping, el jefe supremo chino, ungido por el partido comunista como solo lo fueron Mao Zedong, Deng Xiaoping y Jiang Zemin.
El primero, de los dos, busca conservar su influencia en la región occidental del mundo, y el segundo declaró durante su elección que “estamos en el amanecer de una nueva era, en la que China se moverá hacia el centro del escenario. China será una nueva opción para otros países. Somos la alternativa frente a la democracia occidental”.
El artículo central, –21 páginas–, de Evan Osnos, publicado en la revista estadounidense The New Yorker, del 8 de enero de 2018, analiza las políticas de Estados Unidos, comparadas con las de China, y las consecuencias que tienen en su crecimiento e influencia en el resto del mundo. En 2004 la revista tenía 996.000 suscriptores, cifra que crece 3% al año desde entonces.
The New Yorker, es un semanario que circula desde el 24 de febrero de 1925, fundada por el periodista Harold Ross. Conocida porque publica críticas, ensayos, reportajes de investigación y ficción. Considero oportuno asomarse a su contenido para tener una idea de lo que significa para un país, elegir entre unos candidatos conocidos por su vocación política y un populista, así éste tenga la connotación adicional de ser un millonario que hizo su fortuna en negocios de finca raíz.
Otra curiosidad de la publicación es que tiene en su planta a un verificador, cuya misión central es asegurarse de que lo que se publica sea cierto y esté sustentado. La edad promedio de sus lectores es de 48.4 años. Veamos el resumen.
China no había vivido, en su larga trayectoria, un momento parecido al de ahora, cuando sus propósitos de tener un protagonismo mayor en el mundo, coinciden con la búsqueda de Estados Unidos de centrarse en impulsar su propio desarrollo primero que todo. Recordemos que Deng Xiaoping aconsejaba “esconde tus fortalezas y espera tu oportunidad”.
Desde la segunda guerra mundial, Estados Unidos ha proclamado un orden internacional basado en una prensa y un sistema judicial libres e independientes, la defensa de los derechos humanos, el libre mercado y la protección del medio ambiente. Planteó esas ideas en la reconstrucción de Alemania y Japón y las reiteró luego en sus alianzas alrededor del mundo.
En marzo de 1959, el presidente Eisenhower declaró que el dominio de Estados Unidos no dependería solamente de sus fuerzas militares. “Podríamos ser la nación más rica y poderosa y aun así perder la batalla del mundo, si no ayudamos a nuestros vecinos a proteger s u libertad y avanzar en lo económico y social. No es el propósito de Estados Unidos ser la nación más rica en el cementerio de la historia.”
Ahora, con la bandera de que primero está Estados Unidos, el presidente Trump está reduciendo los compromisos externos de su país. En su tercer día de mandato se retiró del acuerdo transpacífico, un convenio comercial ideado por Estados Unidos entre 12 países para hacerle contrapeso al crecimiento de China. Para los aliados asiáticos este retiro afecta la credibilidad en los norteamericanos.
En una intervención ante los delegados del partido comunista, el pasado 20 de enero, el Mayor General Jin Yinan, estratega de la Universidad Nacional de la Defensa, celebró el retiro de Estados Unidos del acuerdo comercial transpacífico. Nosotros somos cuidadosos al respecto, seguiremos diciendo que Trump nos perjudica, pero en verdad nos ha dado un valioso regalo. En tanto que USA se retira, China se hace presente, agregó Jin.
Durante años los líderes chinos han predicado que llegaría el día –tal vez a mediados de este siglo—en que ellos podrían promover sus propios valores en el exterior. En tiempos en que Trump exhorta que “América primero,” la hora le ha llegado a la premonición de los chinos, antes de lo esperado.
El enfoque de China frente al mundo es más ambicioso. En los años recientes se ha comprometido en planes que ningún país había intentado desde los tiempos de la guerra fría, incrementan sus inversiones en aquellos proyectos que otrora le dieron a Estados Unidos la fuerza y la autoridad derivada de ser garantes de la paz global. Ahora China lucha contra el terrorismo, incrementa sus aportes a Naciones Unidas, combate la piratería y la proliferación de las armas nucleares.
China se ha embarcado en el plan de infraestructura externa más cuantioso de la historia. Construye puentes, ferrocarriles y puertos en Asia, África y más allá. Si estas iniciativas cuestan un millón de millones de dólares, como se calcula, serán siete veces más de lo que se invirtió en el Plan Marshall, que Estados Unidos puso en marcha en 1947, de los cuales se destinaron 130.000 millones de dólares a la reconstrucción de la Europa de la post guerra.
En el reciente foro económico de Davos, el supremo presidente de China, Xi Jinping, reiteró su apoyo al acuerdo de Paris sobre el cambio climático y comparó la política económica proteccionista, a “encerrarse en un cuarto oscuro”.
Estados Unidos llegó a la cima del poder al término de la segunda guerra mundial, en 1945 y su significación económica y militar sigue siendo enorme. Hay quienes señalan que ellos tienen 12 portaaviones, en tanto que China solo tiene dos. Estados Unidos tiene más de 50 tratados colectivos de defensa. China solo uno, con Corea del norte.
Vistas las diferencias entre los dos países, se nota que las distancias se han acortado significativamente. En el 2000 Estados Unidos representaba 31% de la economía global y China era sólo 4%. Hoy, Estados Unidos comparte 24% de la economía mundial y China 15%.
El mundo ha perdido confianza en Estados Unidos, más de lo que uno podría pensar. El año pasado el Centro de Investigaciones, PEW, hizo una encuesta con habitantes de 37 países a quienes preguntó cuál líder creían ellos que actuaría más correctamente cuando se tratara de tomar decisiones de interés para el mundo. Escogieron a Xi Jinping sobre Trump, 28% contra 22%.
Algunas ideas chinas
Los chinos tienen una manera especial de pensar, que bien vale la pena revisar en esta coyuntura. Ellos creen, por ejemplo, que Gorbachov condujo a la Unión Soviética al colapso. Estados Unidos también sufrirá, agregan. Un experto chino en relaciones internacionales opina que el liderazgo americano ha declinado dramáticamente en los últimos meses y agrega: Cuando el primer Bush le declaró la guerra a Irak, consiguió el respaldo de 34 países. Si Trump decide algo parecido, contra cualquier país, no creo que consiga más de cinco aliados.
Analistas chinos creen que Trump es la mayor oportunidad estratégica que han tenido y que durará tanto como él esté en el poder. Los chinos se sorprenden de la influencia de la familia Trump en las decisiones del gobierno, algo extraño en las costumbres de los norteamericanos.
Creen que el presidente es un tigre de papel porque no ha cumplido ninguna de sus amenazas, ni ha construido el muro con México, ni derogado lo relativo a la salud para los que no tienen ese servicio. No cuenta con el apoyo del congreso y está siendo investigado.
Los negociadores chinos siguen el consejo del príncipe manchú, Quiying, quien en el siglo XIX comentó: “Los bárbaros son susceptibles a las recepciones, los agasajos, después de los cuales tienen la sensación de que los apreciamos”. Un especialista en China, Richard Solomon, quien escribió un libro sobre el tema, dijo que los chinos modernos aplican las recomendaciones de la China Imperial. Un canciller de Estados Unidos dijo, en tono efusivo, que “después de una cena con pato, en Pekín, acepto cualquier cosa”
En la visita de Trump a China, Xi desplegó todas sus habilidades en el arte de halagar a su huésped. Al atardecer de su arribo lo invitó a un paseo por la ciudad prohibida. Bebieron té, vieron una ópera en el salón de los Sonidos Placenteros, admiraron una antigua urna de oro y otras obras de arte.
A la mañana siguiente, en el gran salón del pueblo, Trump fue homenajeado con una ceremonia mucho más espléndida, con bandas militares, fuego de cañones, desfiles de escolares que agitaron pompones y gritaron en chino: “Tio Trump”. Funcionarios de segundo rango en Estados Unidos hacen lo que pueden para bajarle el entusiasmo a Trump y su familia. Por su parte Xi y los chinos están en lo suyo para llevarse bien con su rival y promover su causa. Quieren seducirlo con las señales y halagos de su cultura de cinco mil años.
Lo que resulte de esta maratón de cien años, como alguien calificó la competencia entre estos dos gigantes, –cuyo resultado tendrá repercusiones en cada rincón del mundo–, está por verse. Y nosotros, desde aquí, entretenidos en nuestras querellas, seguiremos viviendo ajenos al mundo, enajenados.





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