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Por Javier Mozzo Peña

Colombia y los demás países que dependen de sus exportaciones agropecuarias están a menos de un año para empezar a cumplir con el Reglamento de Deforestación de la Unión Europea, que busca evitar que sus importaciones de productos básicos agropecuarios alienten una mayor tala de bosques.

Desde finales del 2024 solo será posible comercializar en Europa ciertas materias primas como ganado, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera solo si se certifica que están producidas en tierras que no hayan sido deforestadas después del 31 de diciembre del 2020. 

A 2017, la UE era responsable del 16% de la deforestación mundial a través de sus importaciones, especialmente de soja y aceite de palma y el segundo mayor destructor de bosques tropicales, detrás de China, de acuerdo con cifras de World Wildlife Fund (WWF), tomadas por la cadena DW. 

Si no se toman las medidas requeridas y de manera urgente en Colombia, estaríamos frente a un lastre más para el comercio exterior agropecuario, que ya perdió el año pasado 13% de su valor y 10% de su volumen, frente al 2022. La caída en ventas afectó principalmente al café, el banano, aceite crudo de palma, carnes y animales vivos. Europa fue el segundo destino de las ventas agropecuarias de nuestro país el año pasado. 

Veamos qué establece la legislación europea que entra en vigor en menos de un año. Los importadores europeos deberán preparar una declaración de diligencia debida, que incluye geolocalización y fecha del producto; identificación del proveedor e información verificable de que los productos están libres de deforestación y se han producido legalmente.

También se espera que los importadores europeos evalúen el riesgo de incumplimiento y muestren pruebas claras que han adoptado medidas de mitigación del riesgo.

Claro y contundente. En la agenda del cambio climático, Europa está firmemente comprometida en no seguir contribuyendo a que se arrasen bosques para sembrar o levantar ganado.

Como también es claro y contundente que gran parte de la costosa carga de la prueba de que no se está tumbando bosque para sembrar y exportar a Europa estará en manos de micro, pequeños y medianos exportadores de países subdesarrollados o en vías de desarrollo como Colombia.

Se necesita dinero y mucho. Lo grave es que no se sabe quién lo va a aportar.

En una labor pedagógica, pero también de advertencia, el Banco Mundial retransmitió esta semana los resultados de un estudio del caso de la caficultura de Centroamérica y el impacto que tendrá el Reglamento de Deforestación. Sin duda, un análisis que debe poner en alerta a Colombia, en los ministerios de Agricultura, Comercio y de Medio Ambiente, así como a los gremios agropecuarios.

Para empezar, el Banco Mundial reconoce que es complejo todo el mecanismo que está detrás de la deforestación, mucho más en los países hispanoamericanos. Para su análisis de la caficultura de Centroamérica, sobrepuso mapas de monitoreo forestal y producción de café y encontró que una parte menor de las áreas cosechadas de café en Guatemala y Honduras no cumpliría con las normas europeas.

También reconoció que el proceso de debida diligencia sobre deforestación “cero” solicitado por Europa se basa en sistemas de trazabilidad y de información que son difíciles de obtener para una cadena de valor tan fragmentada como la del café.

¿Qué ha hecho Colombia?

Fedepalma se adelantó a muchos gremios y al propio gobierno e hizo la tarea. Su más reciente actualización es del año pasado, cuando publicó los resultados de un monitoreo satelital que contrató con la firma Satelligence, el cual concluyó que el 99 % de la palmicultura colombiana está libre de deforestación.

En el caso cafetero, la cuestión es preocupante. Recientemente, el diario Portafolio alertó que la caficultura colombiana no alcanzaría a cumplir los requisitos establecidos por la UE.

La razón es que no está claro cómo se realizará la solicitud de trazabilidad y “cero” deforestación, así como tampoco se sabe cómo miles de familias de pequeñas parcelas tendrán acceso a los datos y su georreferenciación. Es preocupante que el incumplimiento pueda llevar a que se pierda parte de uno de los mercados más importantes del mundo para nuestro café.

El mismo diario consultó a la Federación Nacional de Cafeteros, que le informó que el 73% del café que se exporta a la UE desde la propia Federación cuenta con sellos y certificados que los habilita para implementar protocolos de homologación a la regulación de la UE.

No tranquiliza la posibilidad de que un 27% del café colombiano no pueda entrar a Europa.

Mientras que por el lado de los gremios agrícolas hay avances, por el lado del gobierno hay ausencia de una política concreta que busque estratégicamente no dejar atrás a ningún cultivador o ganadero y que todos cumplan con los requerimientos.

En una posición muy colombiana cuando se trata de hacer la tarea, en vez de ponerse a trabajar duro, el gobierno prefirió irse por el lado de pedir más tiempo y “rebajitas” en las exigencias.

Recientemente, el viceministro de Comercio Exterior, Luis Felipe Quintero, solicitó aplicar las exigencias europeas en un mediano y largo plazo, tras advertir que no hay plata para financiar lo que se pide. “Nos preocupan las medidas medioambientales que exige para los productos, así como las exigencias de trazabilidad y sellos de sostenibilidad, porque todo ello demandará de nuestros productores, de la noche a la mañana, ajustes, recursos e inversiones con los cuales un país con ingresos medios como lo es Colombia no cuenta en este momento”, dijo.

Ahorrémonos problemas con la Unión Europea. No dejemos todo para última hora y proyectemos un plan urgente de financiación para cumplir con sus requerimientos ambientales. El palo no está para perder un dólar más en nuestro comercio exterior agropecuario, ya golpeado por la exacerbada violencia en el campo y el poco apoyo gubernamental.

@javimozzo

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