“Mire la calle. ¿Cómo puede usted ser indiferente a ese gran río de huesos, a ese gran río de sueños, a ese gran río de sangre, a ese gran río?”
Nicolás Guillén
Bogotá DC, enero 20 de 2026
Doctor GUILLERMO ALFONSO JARAMILLO SALAZAR
Ministro de salud y Protección social.
Por los medios de comunicación nos hemos enterado de su respuesta “Los ricos también lloran” ante el interrogante de un periodista. La pregunta se motivaba por el llanto en que rompió el gerente de un hospital al no tener los medios económicos para pagar a sus empleados, lo que generaba déficit en la atención de los pacientes.
“Los ricos también lloran” fue una telenovela mexicana de 1979 que tiene bastante recordación en la población mayor. No sé exactamente qué quiso decir, señor ministro, con la respuesta. Lo que sí tengo claro es que fue desafortunada, inoportuna e inhumana. Los “ricos” de este país tienen medicina prepagada, pólizas o pagan como pacientes particulares. Los usuarios de los hospitales públicos como el Hospital San Rafael de Itagüí (ESE) no son ricos. Tampoco lo es el gerente del hospital. Tampoco lo son los médicos ni el personal de salud que labora en la institución.
Por el contrario, los pacientes (y sus familias) y el personal médico y de salud que labora en las diferentes instituciones públicas y privadas son quienes han sufrido en estos últimos años la pérdida de la calidad y la oportunidad de atención.
Un país saturado de violencia no recibe con agrado una respuesta como la que el señor ministro ha expresado. Un país donde asesinan tres mujeres al día; un país donde asesinan dos niños al día; un país donde asesinan 35 personal al día; un país donde las asociaciones de pacientes se quejan por el deterioro de sus tratamientos; una país donde se incrementan los obstáculos para tener una consulta médica de especialista, unos medicamentos o unos procedimientos quirúrgicos; un país que sufre y que lucha por una mejor salud no puede escuchar de labios de la persona encargada de la salud y la protección social la frase “Los ricos también lloran”.
Los médicos y el personal de salud estamos prestos a seguir aportando para que Colombia goce de mejor salud y mejor estar. Marque usted la pauta. Trabaje de la mano con los técnicos y expertos; no los desdeñe. Nuestro país tiene una muy alta calidad humana en salud. Me consta. Aprovéchela. Un gerente de hospital que rompe en llanto al suplicar ayuda para que sus empleados y pacientes no sufran y no sean vulnerados en sus derechos, debe ser apoyado y estimulado, no burlado o humillado. Señor ministro de salud y protección social, tenemos una inmensa deuda con nuestro talento humano en salud y con nuestros pacientes. Tenemos una inmensa deuda sanitaria y humana con la sociedad. Hicimos un juramento en los claustros universitarios, cuando los ímpetus de la juventud circulaban por nuestras venas. Cumplamos el juramento. Honremos la palabra. Eso nos hace dignos de la bata blanca que llevamos. Y nos hace dignos del título de médicos. Y de nuestros pacientes a quienes nos debemos.







