Un punto que no alcanza: el clásico que confirmó los problemas de Millonarios

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Por: Ricardo Galán

A las dos de la tarde, con un clima perfecto y el estadio lleno, Bogotá volvió a vivir su clásico. No el más importante del país —ese lugar hoy lo disputa otro duelo—, pero sí el más emocional, el que se juega con memoria.

Y eso fue lo mejor del partido.

Porque en la cancha, poco. En la tribuna, todo.

El homenaje al “Profe Ruso” en oriental, con su frase “Todo se cura con amor”, fue más potente que cualquier jugada del primer tiempo. Un recordatorio de lo que fue Millonarios… y de lo que hoy parece estar buscando.

Un partido sin urgencia… en el momento menos indicado

El contexto era claro: el que perdiera quedaba al borde de la eliminación. Pero el partido nunca se jugó con esa tensión.

Santa Fe entendió rápido el libreto: atacar el costado derecho de Millonarios. Centros al segundo palo. Repetición sistemática de una debilidad ya conocida.

Millonarios, en cambio, fue un equipo lento, predecible, incómodo con la presión alta. Un equipo que espera más de lo que propone.

El empate empezó a construirse desde ahí.

Lo que no se ve por televisión

Hubo detalles que explican el ambiente.

Los bancos invertidos —por norma internacional— rompieron la rutina. Millonarios en el lado de Santa Fe y viceversa. Un símbolo pequeño, pero diciente: nada estaba en su lugar.

En la tribuna, el clásico seguía intacto. Cantos, saltos, provocaciones. El famoso “el que no salte…” retumbando como siempre.

En la cancha, otra cosa: roces, interrupciones, simulaciones. Ese fútbol colombiano que compite más en cortar que en jugar.

El gol que ilusionó… y el gol que confirmó el problema

Millonarios mejoró en el arranque del segundo tiempo y encontró el gol con Sebastián Valencia. Un remate limpio, bien ejecutado. Un momento de esperanza.

Pero el partido volvió a su guion.

Santa Fe empató como todos ya sabían que podía hacerlo: centro al segundo palo, desatención, gol. Otra vez. La misma jugada. El mismo error.

El séptimo gol recibido así en el semestre.

La versión del técnico: “merecimos ganar”

En la rueda de prensa, Fabián Bustos defendió una idea que contrasta con lo visto:

“Dominamos todos los rubros… merecimos ganarlo. Hubo un equipo que quiso ganarlo y otro que no quiso perderlo”

Para Bustos, el problema no es estructural, sino puntual: errores en pelota parada.

Reconoce la falla —“tenemos que corregirlo”—, pero insiste en que el equipo está en el camino correcto.

Incluso en medio de las críticas, el técnico se aferra a un argumento: las estadísticas.

Más posesión, más remates, más presencia en campo rival.

El problema es que el fútbol no se gana con planillas.

Falcao: autocrítica… y reclamo

Radamel Falcao García fue más medido, pero dejó dos mensajes claros.

El primero, hacia adentro:

“Son tres finales… tenemos que prepararnos física y mentalmente”

El segundo, hacia el arbitraje:

“No entiendo por qué no se revisa… para mí es penal”

Falcao no grita, pero marca. Cuestiona el uso del VAR y deja una sensación que ya empieza a ser recurrente: la desconfianza.

Más allá del empate: lo que preocupa

El 1-1 no solo complica la tabla. Expone algo más profundo.

Un equipo que:

  • No gana duelos
  • No pelea rebotes
  • Espera el balón al pie
  • Repite errores conocidos
  • Empieza a fracturarse en lo emocional

La reacción de Sarabia al salir, los reclamos entre jugadores, la expulsión de Contreras, los silbidos al final.

Todo suma. O resta.

¿Liga o Sudamericana?

La pregunta ya no es teórica.

Con este nivel, Millonarios difícilmente puede sostener dos frentes. La Liga se le escapa. La Copa Sudamericana aparece como alternativa… pero exige otra actitud.

Y ahí está el punto.

Porque si algo dejó este clásico es una sensación incómoda: el equipo no evoluciona. Al contrario, parece haber perdido intensidad, orden y confianza.

Para el cierre

Un clásico con estadio lleno, memoria viva y emoción intacta… pero con un fútbol que no estuvo a la altura.

Y mientras en la cancha el partido se diluía, en la rueda de prensa apareció otra historia: la de un equipo que, según su técnico, dominó… pero según la tribuna, no convenció.

Oído al tambor: cuando la diferencia entre lo que se ve y lo que se dice empieza a ser tan grande, el problema ya no es el resultado. Es la realidad. Nos vemos el miércoles en la Suramericana.

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