Por: Ricardo Galán
Después de meses de polarización, denuncias, acusaciones de fraude, campañas agresivas y una de las elecciones más cerradas de la historia reciente, Colombia comienza lentamente a entrar en una nueva etapa.
La noticia política más importante del día no fue una declaración del presidente electo Abelardo de la Espriella. Tampoco una decisión del gobierno saliente. Fue la aceptación formal de la derrota por parte de Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, quien reconoció los resultados electorales y asumió públicamente el liderazgo de la oposición.
Más allá de las diferencias ideológicas que puedan existir con su discurso, el gesto tiene un valor institucional indiscutible: reconocer el resultado de las urnas, aceptar la legitimidad del nuevo gobierno y anunciar que la oposición ejercerá su papel desde el Congreso y dentro de las reglas democráticas.
En un país acostumbrado a las sospechas permanentes y a las tensiones políticas elevadas al máximo nivel, el mensaje contribuye a bajar la temperatura del debate público.
El progresismo no desaparece
La elección dejó una lección que el nuevo gobierno no puede ignorar. Aunque perdió la Presidencia, el progresismo obtuvo la segunda votación más alta de su historia y conserva una fuerza política significativa.
Más de doce millones de colombianos respaldaron la candidatura de Cepeda. Eso significa que la oposición tendrá capacidad de movilización, presencia territorial y una bancada importante en el Congreso.
La gobernabilidad del próximo gobierno dependerá tanto de su capacidad para construir acuerdos como de su disposición para escuchar a quienes no votaron por él.
Empieza la verdadera prueba
Durante la campaña todo era promesa. Ahora llega la realidad.
En los próximos 44 días el país comenzará a conocer los nombres de quienes integrarán el nuevo gabinete, las comisiones de empalme y las prioridades reales del gobierno entrante.
Al mismo tiempo, empiezan a aparecer los primeros movimientos políticos. El Centro Democrático anunció su decisión de declararse partido de gobierno, una señal temprana de que Abelardo de la Espriella comienza a construir una base parlamentaria propia.
La pregunta ya no es cómo ganar una elección. La pregunta es cómo gobernar un país dividido prácticamente por mitades.
La herencia económica
Mientras la atención pública sigue concentrada en la política, algunos asuntos estructurales empiezan a reclamar espacio.
El informe más reciente sobre reservas de petróleo y gas volvió a encender las alarmas sobre la seguridad energética del país. Aunque el Gobierno sostiene que Colombia mantiene reservas suficientes para varios años, los gremios advierten una reducción significativa de las reservas probadas de gas natural y reclaman decisiones urgentes para acelerar nuevos proyectos de exploración y producción.
El debate energético será una de las primeras pruebas de fuego para la nueva administración. No solo por su impacto en la economía, sino porque afecta directamente el costo de vida de millones de hogares colombianos.
Una tregua para los cafeteros
Otra noticia relevante llegó desde el sector cafetero.
Después de semanas de tensión entre el Gobierno y la Federación Nacional de Cafeteros, las partes acordaron prorrogar por cinco meses el contrato del Fondo Nacional del Café. La decisión evita una crisis inmediata y traslada la discusión de fondo al próximo gobierno.
Por ahora, los productores ganan algo que escasea en la política colombiana: tiempo.
Menos ruido, más futuro
Tal vez la reflexión más importante de este momento político sea que Colombia necesita empezar a mirar hacia adelante.
Las elecciones terminaron. Ya hay presidente electo, vicepresidente electo y una oposición que comienza a reorganizarse.
El país tiene por delante desafíos fiscales, energéticos, de seguridad y crecimiento económico que no admiten más aplazamientos.
Después de años de confrontación permanente, quizás llegó el momento de dedicar menos tiempo a las peleas del pasado y más atención a las decisiones que definirán el futuro.
Porque gobernar empieza precisamente cuando termina la campaña.
Oído al tambor