Por: Ricardo Galán.–
Las imágenes que nos llegan de la frontera indignan y enfurecen.
Ver a esos compatriotas cruzando el río Táchira a pie, con unas pocas pertenencias a cuestas y escuchar a madres y padres contar que la guardia venezolana les dice que tienen que regresar a Colombia, pero deben dejar allá a sus hijos porque ellos si son venezolanos, parte el alma.
Ver a Nicolás Maduro y Diosdado Cabello amenazando y vociferando contra los colombianos desplazados como si la culpa de la crisis fuera de ellos y aprobando resoluciones para que el cierre de la frontera sea total e indefinido nos llena de ira.
Ver y escuchar a Juan Manuel Santos, María Angela Holguín, Juan Fernando Cristo y Luis Carlos Villegas haciendo llamados a la calma y posando sonrientes para las cámaras como si aquí no estuviera pasando nada nos hace sentir abandonados.
Escuchar a una desplazada decir que sólo hay un baño para más de mil personas. Ver en la TV palas mecánicas derrumbar casas marcadas y destrozar familias nos humilla y ofende.
Escuchar al Presidente decir en su alocución que a los desplazados nos les hace falta nada, nos indigna.
La reacción de la canciller y el Presidente nos parece insuficiente, pero no sabemos qué es lo que deberíamos hacer. Nadie parece saber.
La guerra no es el camino. ¿Entonces cual es? En momentos como este es que se necesita un líder y ese líder no aparece.
UN APUNTE FINAL: ¿Qué pensarán las Farc de la manera como su socio, amigo y protector Nicolás Maduro está tratando a esos miles de colombianos miserables que la guerrilla dice defender?
Guardar silencio señores de las Farc no es una opción.





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