La reciente escalada bélica en el corazón de la producción energética mundial ha encendido las alarmas en el equipo de investigaciones económicas de la ANIF. Los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán a finales de febrero no solo han profundizado la inestabilidad política, sino que han generado una «prima de riesgo geopolítico» que ya golpea los mercados internacionales.
El «Cuello de Botella» que mueve al mundo
El foco de atención se centra en el Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo de apenas 33 kilómetros donde se concentra el pulso de la energía global. Las cifras son contundentes:
- Por esta vía transita el 20% del petróleo consumido a nivel mundial.
- Representa el 15% de la oferta global de gas natural licuado (GNL).
- Es la ruta crítica para las exportaciones de gigantes como Arabia Saudita, Irán, Catar y Emiratos Árabes Unidos.
Cualquier interrupción en este punto geográfico tiene un efecto dominó inmediato. Tras las hostilidades, el precio del crudo Brent ascendió a US$80,6 por barril, un incremento del 11%. Por su parte, la referencia WTI alcanzó los US$77,2.
El impacto en el bolsillo colombiano
Para el ciudadano de a pie en Colombia, esta tensión se traduce en el precio de los combustibles. Según el reporte de ANIF, a enero de 2026, la apreciación del peso y la estabilidad previa del crudo permitieron que el precio interno estuviera por encima del internacional, otorgando un margen de maniobra al Gobierno para reducir $1,000 por galón entre febrero y marzo.
Sin embargo, ese «colchón» se está evaporando. El repunte del petróleo presiona al alza los precios internacionales de la gasolina, reduciendo la brecha a $1,382.
«Este escenario limita el espacio del Gobierno Nacional para seguir bajando el precio de la gasolina corriente y pone en riesgo el superávit acumulado en el Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles (FEPC)».
Perspectivas de incertidumbre
Mientras las aseguradoras encarecen las coberturas por riesgo de guerra y el índice de carga de contenedores sube un 6,5%, el futuro depende de la intensidad del conflicto. Una prolongación de las hostilidades no solo mantendrá la volatilidad energética, sino que obligará al Gobierno colombiano a recalibrar su política de precios en un año donde la inflación sigue siendo un tema sensible.





