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Cuando hablar, cuando callar. El caso de Martha Sepúlveda

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Por: Ricardo Galán.-

Cuando hablar, cuando callar es unos de los capítulos en que hago más énfasis durante mis consultorías y clases de comunicación estratégica o durante los entrenamientos de voceros que me piden con frecuencia.

Saber cuando hablar y cuando callar es fundamental para que los objetivos de un proceso de comunicación se alcancen con éxito.

Y el caso de Martha Sepúlveda es perfecto para analizar que callar o hablar a destiempo puede conseguir los efectos contrarios a los que muy seguramente buscaban sus protagonistas.

Empecemos por ahí. Por los protagonistas. El 22 de julio de 2021, la Corte Constitucional, mediante la Sentencia C-233 de 2021 con ponencia de la Magistrada, Diana Fajardo Rivera amplió la eutanasia a los pacientes no terminales. Sentencia-C-233-21-Exp.-D-14043Descarga

La decisión de la Corte señala que no se incurre en el delito de homicidio por piedad cuando la eutanasia «(i) sea efectuada por un médico, (ii) sea realizada con el consentimiento libre e informado, previo o posterior al diagnóstico, del sujeto pasivo del acto, y siempre que (iii) el paciente padezca un intenso sufrimiento físico o psíquico, proveniente de lesión corporal o enfermedad grave e incurable».

Es decir que personas como Martha Sepúlveda, una paciente con ELA. pueden solicitar ese procedimiento.

Error 1. No haber publicado la sentencia

La decisión de la Corte fue registrada en un comunicado de prensa, pero la sentencia completa solo fue publicada hasta ayer 11 de octubre después de la gran controversia que desató la cancelación de la eutanasia solicitada por Martha Sepúlveda y que ya había sido autorizada.

El instituto encargado del procedimiento y el Ministerio de Salud alegaron que, como el fallo de la Corte Constitucional no había sido publicado completo aún no estaba en vigencia y además que como no se conocían los detalles de la decisión del tribunal preferían evitar el riesgo de aplicar la eutanasia en una paciente que no parece cumplir todos los requisitos exigidos por la Corte.

El instituto y el Ministerio aprovecharon el error de la Corte de no publicar la sentencia completa a tiempo para escapar de la inmensa presión mediática, jurídica y eclesiástica ejercida por la iglesia católica y por quienes se oponen a la aplicación de la eutanasia en Colombia luego de ver en televisión el reportaje que el periodista Juan David Laverde le hizo a Martha Sepúlveda en Caracol Noticias y el posterior debate en las redes sociales.

Al instituto y al Ministerio les asistía algo de razón cuando alegaron que sin conocer la sentencia completa las posibilidades de equivocarse eran más altas porque desde hace un tiempo se volvió costumbre que la Corte Constitucional demore meses la publicación de sus sentencias dando por descontado que con la publicación de un escueto comunicado de prensa abogados, jueces, fiscales, tribunales y en este caso médicos e instituciones de salud tienen la información suficiente para tomar decisiones. Cosa que, por supuesto, no es verdad. 

Entre otras cosas porque en bufetes de abogados, facultades de derecho y medios especializados en temas jurídicos corre hace meses el rumor de que la Corte cambia el sentido de sus fallos dependiendo de la reacción que generen en la opinión pública los comunicados de su oficina de prensa o las declaraciones de sus voceros sobre sus sentencias.

Error 2. Haber publicado el reportaje antes de tiempo      

Entiendo perfectamente el afán de Juan David Laverde y de Caracol Noticias por publicar la historia. No todos los días los periodistas nos encontramos con una noticia de esas dimensiones. Revisemos los ingredientes:

Una persona, Martha Sepúlveda, que decide morir estando en pleno ejercicio de sus facultades físicas y mentales porque no quiere sufrir las consecuencias de una enfermedad altamente degenerativa que le acaban de diagnosticas y dispuesta a explicar sus razones frente a las cámaras.

Martha sería la primera persona en Colombia que aplicaría, con el apoyo de su núcleo familiar, la decisión histórica de la Corte Constitucional que amplió el derecho fundamental a morir dignamente y señaló que mantener como requisito para acceder a una eutanasia el hecho de ser un paciente con una enfermedad en fase terminal «desconoce la autonomía del paciente que desea terminar su vida porque se encuentra en condiciones extremas, que le producen un sufrimiento intenso, y que se oponen a su concepto de vida digna».

Si. Definitivamente es una historia que todos los periodistas quisiéramos contar. Pero aquí hay la pregunta clave: ¿en qué momento la debemos contar considerando el impacto que tendrá en la opinión pública, el precedente que va a sentar frente al espinoso tema de la eutansia y la furia y derroche de poder que iba a desencadenar?

Lo se. Lo he vivido. Los periodistas le tenemos pánico a la amenaza que representa que una historia de ese calibre que creemos tener en exclusiva sea publicada antes en otro medio o por otro colega. Lo entiendo. 

Pero la historia habría quedado completa si Juan David y Caracol Noticias hubieran entendido la importancia de callar. No de auto censurarse. De callar. De permitirle a Martha marcharse en silencio y después si dejar su nombre registrado para la historia como la primera colombiana que pudo ejercer su derecho fundamental a tener una vida y una muerte dignas.  

No saber cuando hablar y cuando callar. Dos errores mezclados en una misma historia. La Corte que no sabe la importancia que tiene publicar sus sentencias completas para que tengan efecto inmediato sobre la sociedad y un periodista y un medio que no tuvieron la paciencia y la prudencia de esperar para controlar los efectos de contar a destiempo una noticia que nadie les iba a quitar.

No se qué pueda estar sintiendo Martha Sepúlveda quien después de prepararse para morir dignamente ahora se ve condenada a sufrir los efectos de una enfermedad para la que no hay remedio, ni vacuna. 

Marta Sepúlveda volvió a nacer el mismo día que había elegido para morir con dignidad. 

No se cual será el final de su historia y de las personas que como ella quieren poder ejercer su derecho al libre albedrio. A vivir y morir con dignidad. Derechos que otros insiten en negarles en nombre de Dios. 

Mismos cuyo principal argumento es que solo Dios tiene derecho a decidir quien vive y quien muere y en que condiciones vive o muere, pero que se comportan como si fueran Dios.

Ellos, que tampoco supieron cuando hablar, cuando callar. Porque con esa abusiva y despiadada oposición frente a la decisión de Martha Sepúlveda pudieron haber despertado a otras decenas de personas que por el silencio de la Corte ignoraban tener ese derecho o se llenarán de valor porque que saben que no están solos y que evitar el sufrimiento, el dolor y la pérdida de la conciencia no significa desobedecer a Dios o ser cobarde, sino rescatar su dignidad.

Cuando hablar, cuando callar. He ahí el dilema.

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