¿Por qué es tan importante el debate sobre las nuevas directivas del Congreso?

Colombia no está presenciando solamente una pelea por quién se sienta en la silla principal del Senado o la Cámara. Está viendo cómo se construye la arquitectura política con la que comenzará a gobernar el próximo presidente.

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Mientras la atención del país está concentrada en la posesión del nuevo presidente de la República, en el Congreso se desarrolla otra negociación que puede resultar tan importante como la conformación del gabinete ministerial.

Los partidos políticos están definiendo quiénes ocuparán las presidencias y vicepresidencias del Senado y de la Cámara de Representantes, cómo se distribuirán las directivas de las comisiones y qué colectividades controlarán algunos de los principales cargos administrativos del Capitolio.

Parece una discusión burocrática, pero no lo es. En realidad, constituye la primera gran prueba para saber con qué mayorías podrá gobernar Abelardo de la Espriella, cuál será el peso de cada partido dentro de su coalición y qué tan independiente será el Congreso frente al nuevo Ejecutivo.

Primero, una precisión necesaria

El Congreso que se posesionará el próximo 20 de julio fue elegido para el periodo constitucional 2026-2030. Sin embargo, las mesas directivas que serán escogidas ese día solamente ejercerán durante la legislatura 2026-2027.

La Constitución ordena que las directivas del Senado, la Cámara y las comisiones sean renovadas cada año y establece que ninguno de sus integrantes podrá ser reelegido en la misma mesa durante el cuatrienio. Cada mesa está integrada por un presidente y dos vicepresidentes. 

Esto significa que el 20 de julio no se elegirá una sola directiva para los cuatro años. Lo que suele ocurrir es que los partidos aprovechan la negociación inicial para acordar no solamente los cargos del primer año, sino también la rotación futura de las presidencias, las comisiones y otras posiciones de poder.

Por eso, detrás de cada nombre aparecen compromisos que pueden extenderse durante buena parte del periodo 2026-2030.

¿Qué poder tiene el presidente del Senado o de la Cámara?

Los presidentes de las cámaras no pueden aprobar una ley por sí solos ni reemplazan las mayorías parlamentarias. Pero sí tienen una enorme capacidad para organizar y conducir el trabajo legislativo.

Entre sus funciones están presidir las sesiones, hacer cumplir el reglamento, mantener el orden, repartir los proyectos entre las comisiones, ordenar su trámite, firmar las iniciativas aprobadas y designar comisiones accidentales para resolver diferencias o elaborar textos de conciliación. Las mesas directivas también participan en la preparación del presupuesto anual del Congreso y vigilan su ejecución.

En términos sencillos: las mayorías deciden, pero las directivas administran el escenario en el que esas mayorías actúan.

Un presidente del Senado o de la Cámara que simpatice con el Gobierno puede facilitar que sus proyectos tengan un trámite ordenado y oportuno. Uno distante o enfrentado con el Ejecutivo puede aplicar con mayor rigor los tiempos, permitir que se prolonguen las discusiones o dar más espacio a las estrategias de la oposición.

Todo dentro del reglamento, pero con consecuencias políticas muy diferentes.

La primera legislatura suele ser decisiva

Los primeros meses de un gobierno son generalmente el momento en que el presidente conserva mayor capital político, tiene fresca su victoria electoral y puede ejercer más presión sobre los partidos que quieren participar en la nueva administración.

También es cuando se presentan las reformas que definirán el rumbo del mandato.

Por eso, el presidente electo necesita que las directivas del Congreso ayuden a organizar una agenda legislativa coherente, especialmente si pretende tramitar reformas económicas, fiscales, de seguridad, justicia, salud, energía o estructura del Estado.

Un Gobierno que comienza su mandato perdiendo la presidencia del Senado o sin acuerdos claros en la Cámara envía una señal de debilidad. En cambio, si logra elegir directivas cercanas y conformar mayorías estables, demuestra que tiene capacidad para convertir sus promesas electorales en proyectos de ley.

Pero hay una diferencia importante entre una mayoría estable y una mayoría prestada. La primera se construye alrededor de una agenda compartida. La segunda depende de negociaciones particulares que deben renovarse en cada votación.

La elección de las directivas permitirá comenzar a descubrir cuál de las dos tendrá el nuevo presidente.

La negociación muestra quién manda dentro de la coalición

Al cierre de esta edición, la principal disputa se concentra en la presidencia del Senado.

El presidente electo Abelardo de la Espriella ha respaldado al senador Alfredo Deluque, del Partido de la U. El Centro Democrático, encabezado por el expresidente Álvaro Uribe, promueve la candidatura del senador Honorio Henríquez y reclama una participación mayor en la dirección del Congreso por haber sido una de las primeras colectividades en declararse partido de gobierno y tener la bancada de gobierno más importante.

La controversia ya dejó de ser una simple competencia entre congresistas. Se convirtió en un pulso político entre De la Espriella y Uribe por el liderazgo de la nueva mayoría de derecha.

Para la presidencia de la Cámara, después de que circularan los nombres de Daniel Briceño, del Centro Democrático, y Julio César Triana, de Cambio Radical, ha ganado terreno Nicolás Barguil, del Partido Conservador.

La combinación que aparece con mayores opciones es, por ahora, Alfredo Deluque en el Senado y Barguil en la Cámara. Sin embargo, los acuerdos todavía pueden cambiar antes de la votación del 20 de julio.

Lo importante no son solamente los nombres. Lo que está en discusión es cuánto poder tendrá cada partido dentro de la coalición.

El Centro Democrático considera que su peso electoral debería traducirse en una de las presidencias. La U, los conservadores, Cambio Radical y Salvación Nacional también exigen representación. Y el presidente electo necesita distribuir los cargos sin dejar que una sola colectividad concentre demasiado poder.

El resultado mostrará si De la Espriella logra imponer su criterio sobre sus aliados o si tendrá que compartir la conducción política de su gobierno con el uribismo y los partidos tradicionales.

También está en juego el poder de las comisiones

Una ley no pasa directamente a las plenarias. Primero debe ser estudiada y aprobada en una comisión constitucional, según el tema que regule.

La Comisión Primera conoce reformas constitucionales, asuntos electorales y de justicia. La Segunda tramita temas de relaciones internacionales, defensa y seguridad. Las comisiones Tercera y Cuarta estudian asuntos económicos, tributarios y presupuestales. La Quinta se ocupa, entre otros temas, de energía, minería, ambiente y agricultura. La Sexta conoce transporte, comunicaciones y educación. La Séptima tramita salud, trabajo y seguridad social.

Por eso, controlar la presidencia de una comisión puede ser tan importante como dirigir una plenaria.

Es allí donde se define qué proyectos avanzan, quiénes serán sus ponentes, cuáles modificaciones se discuten y qué iniciativas pueden quedar detenidas antes de llegar al debate definitivo. La Constitución establece que las comisiones permanentes son las encargadas de dar el primer debate a los proyectos de ley y de reforma constitucional. 

Cuando los partidos negocian las presidencias del Senado y la Cámara, también están negociando el recorrido de las futuras reformas.

El Congreso también elige altos funcionarios

El nuevo Congreso no se limitará a estudiar las leyes propuestas por el Gobierno.

Durante el comienzo del periodo deberá participar en decisiones institucionales de enorme importancia, entre ellas la elección del contralor general y la renovación del Consejo Nacional Electoral.

Estas elecciones pueden influir durante varios años en el control fiscal, la vigilancia de los recursos públicos, las investigaciones electorales y el equilibrio entre las instituciones.

El presidente del Senado es, además, el presidente del Congreso. Le corresponde convocar y dirigir las sesiones del Congreso pleno, coordinar el trabajo entre las dos cámaras y encabezar las sesiones en las que el Legislativo ejerce sus funciones electorales y protocolarias.

En la coyuntura actual tendrá un papel especialmente visible durante la posesión presidencial del 7 de agosto, en medio de la controversia sobre el lugar y las condiciones en que Abelardo de la Espriella quiere asumir el poder.

¿Qué pasa con la oposición?

El Pacto Histórico llegará al nuevo Congreso como la bancada individual más numerosa, pero no necesariamente como la fuerza capaz de construir las mayorías.

Los partidos cercanos al presidente electo podrían reunir alrededor de 62 votos en el Senado y 103 en la Cámara, según los cálculos políticos conocidos durante la negociación. Sin embargo, esas cifras agrupan colectividades distintas y no garantizan que todas voten juntas en cada proyecto.

La oposición tiene derecho a participar en las mesas directivas y en la agenda de las corporaciones públicas. El Estatuto de la Oposición busca garantizar espacios institucionales para debatir, controvertir al Gobierno y ejercer control político.

La forma como se respeten esos derechos será una primera señal sobre la calidad de las relaciones entre el oficialismo y la oposición.

Una cosa es construir mayorías para gobernar. Otra muy distinta es utilizar esas mayorías para cerrar espacios de deliberación, limitar el control político o excluir a quienes perdieron las elecciones presidenciales.

Las directivas tendrán que lograr un difícil equilibrio: permitir que el Gobierno tramite su agenda sin convertir el Congreso en una notaría del Ejecutivo.

No solamente se reparten cargos políticos

En las negociaciones también están sobre la mesa las secretarías generales, las subsecretarías y las direcciones administrativas del Senado y la Cámara.

Estas últimas manejan buena parte de la operación, la contratación y los recursos administrativos de las dos corporaciones. La Ley Quinta establece que las mesas directivas participan en la preparación del presupuesto del Congreso y controlan su ejecución.

Por eso, estos cargos despiertan tanto interés como algunas posiciones de representación política.

La disputa no es únicamente por el micrófono desde el que se dirige una sesión. También involucra burocracia, contratación, presupuesto y capacidad de decisión dentro de una de las ramas del poder público.

La primera fotografía del nuevo poder

La elección del 20 de julio permitirá responder varias preguntas fundamentales.

¿Tendrá Abelardo de la Espriella una coalición propia o dependerá de Álvaro Uribe y del Centro Democrático? ¿Los partidos tradicionales serán aliados programáticos o negociadores de cada votación? ¿La oposición contará con garantías reales? ¿Las reformas serán debatidas con independencia o tendrán un camino previamente acordado?

Las mesas directivas no pueden reemplazar el voto de los congresistas, pero sí pueden facilitar, ordenar, retrasar o complicar el trámite de las decisiones.

Por eso es tan importante lo que está ocurriendo por estos días.

Colombia no está presenciando solamente una pelea por quién se sienta en la silla principal del Senado o la Cámara. Está viendo cómo se construye la arquitectura política con la que comenzará a gobernar el próximo presidente.

El 20 de julio conoceremos los nombres. Con el paso de las primeras semanas sabremos si detrás de ellos existe una coalición capaz de gobernar, una alianza puramente burocrática o un Congreso dispuesto a conservar su independencia frente al nuevo poder presidencial.

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editorgeneral
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Periodista | Libreta de Apuntes

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