El Niño, el déficit de gas y la inevitable carta estadounidense

Es muy complicado el momento que vive la economía colombiana, de cara a enfrentar el impacto del fenómeno de El Niño. Hay una probabilidad máxima de 81 por ciento de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre de 2026 y enero del 2027.

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Por Javier Mozzo Peña

Es muy complicado el momento que vive la economía colombiana, de cara a enfrentar el impacto del fenómeno de El Niño. Hay una probabilidad máxima de 81 por ciento de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre de 2026 y enero del 2027.

El país afronta una crisis financiera y estructural en su sector eléctrico y una enorme dependencia del gas natural importado, que, por donde se mire, dejarán enormes pérdidas en el poder adquisitivo de los colombianos. Una herencia para el nuevo gobierno de Abelardo de La Espriella.

Como está largamente diagnosticado, la matriz de generación colombiana está concentrada en hidroeléctricas en casi 70 por ciento, seguida por las térmicas y de fuentes alternativas.

Por el lado de la electricidad, el operador del sistema, XM, proyectó un déficit de 3.096 gigavatios hora para la vigencia 2026-2027. La demanda de energía toca máximos históricos y hay retrasos de hasta un 60 por ciento de las obras de transmisión nacional.

Por el lado del gas, la producción del país cayó más de un 12 por ciento en lo que va del 2026, de acuerdo con el profesor Sergio Cabrales, de la Universidad de Los Andes.

Si eso no fuera suficiente, la capacidad disponible para importar gas natural se redujo en un 24 por ciento en la terminal de Cartagena, lo que compromete el normal abastecimiento del parque térmico de generación eléctrica.

Es decir, no habrá gas suficiente para cocinar y tampoco para que las térmicas operen a máxima capacidad, como sería necesario ante la ocurrencia de un “Niño” fuerte o muy fuerte, según Cabrales.

De La Espriella se ganará el riesgo de trasladar ineficiencias y malos manejos pasados al usuario final.

Evitar apagones, en el peor de los casos, e incrementos ostensibles en las tarifas de energía, en el menor de ellos, serían victorias tempranas que pueden ayudar a la nueva administración. Pero la solución a largo plazo luce costosa y con grandes obstáculos que es necesario remover.

Con un triunfo electoral tan estrecho frente a su rival de izquierda, el abogado y empresario debe demostrar con decisiones políticas urgentes e impopulares, que su electorado acertó al elegirlo. Mucho más ante la expectativa de que hogares y empresas deban volver a los momentos aciagos de comienzos de la década de 1990.

Pareciera que los minutos corren más rápido para domar a un caballo bastante encabritado, que no dejará espacio a las equivocaciones.

En junio, el ingeniero Juan Benavides escribió un completo análisis para Fedesarrollo titulado “Estrategia 2026-2030 para electricidad y gas natural en Colombia”, donde identificó una docena de acciones clave que deben ser puestas en marcha.

Aparte de estrategias internas, es interesante analizar qué tanto la geopolítica y las relaciones internacionales pueden ayudar a De La Espriella a salir relativamente bien librado del problema que hereda.

Específicamente, si la relación prioritaria que ha pavimentado con Estados Unidos alcance para materializar un abanico de posibilidades que, bien ejecutadas y manejadas, se conviertan en un paliativo para el corto y mediano plazo.

Por estos días, una misión del gobierno electo de Colombia, encabezada por el vicepresidente, José Manuel Restrepo, está en la capital estadounidense visitando a los funcionarios de más alto rango de agencias clave del gobierno de Donald Trump.

Hay una creciente expectativa en torno a las citas que atenderá en los departamentos de Energía, del Tesoro y de Estado, sobre los cuales recaerá gran parte de la ayuda que pueda suministrar ese país para encauzar soluciones que eviten un apagón.

Por pura casualidad, expertos de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC), se encuentran también en una gira por países de la cuenca del Mar Caribe.

Una de sus prioridades, según informó la institución en un comunicado, es comenzar a revisar urgentemente propuestas para impulsar el sector energético en Jamaica, Trinidad y Tobago y Antigua y Barbuda.

La DFC -que cuenta con más de 200.000 millones de dólares para invertir- se ofrece como la alternativa de Estados Unidos a la controvertida Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.

Por ejemplo, Colombia puede canalizar fondos de la DFC para acelerar rezagadas líneas de transmisión y proyectos de almacenamiento de energía en baterías a gran escala, los cuales son indispensables para dar estabilidad a la red cuando baja la generación hidráulica.

Al ser el mayor exportador de gas natural del mundo, Estados Unidos podría ofrecer líneas de crédito y garantías para que empresas de ese país instalen plantas de regasificación flotantes en las costas colombianas, que aseguren el suministro durante picos de demanda.

Firmas estadounidenses como Excelerate Energy y NewFortress Energy, consideradas líderes en terminales flotantes de gas natural licuado e infraestructura para su fase posterior de su procesamiento, pueden ser actores clave para este despliegue.

De la misma forma, la USTDA (Agencia para el Comercio y el Desarrollo de Estados Unidos) puede financiar estudios de factibilidad técnica y proyectos piloto energéticos.

En otros países, ha atendido solicitudes de subvenciones para diseñar redes inteligentes y microrredes en zonas vulnerables, que, en el caso colombiano, pueden estar localizadas en el Caribe, optimizando la respuesta de la red eléctrica, en caso de picos de demanda por calor extremo.

Del mismo modo, no hace mucho, la USTDA informó en su página web que había iniciado el estudio de viabilidad del sistema de almacenamiento de energía en baterías, en centrales solares en Colombia. Materializar esa opción atendería los momentos de mayor consumo.

Otra opción es la aplicación de las tecnologías de “Virtual Power Plants” (VPP), en las que empresas de software energético de Estados Unidos implementan plataformas que agrupen recursos energéticos como baterías residenciales, paneles solares y pequeñas plantas de generación.

El sitio “I’mnovation Hub” de Acciona, indicó que la tecnología VPP es un nuevo concepto de gestión energética que entrelaza distintas fuentes de energía y las gestiona mediante un único sistema de control.

Es decir, coordinar desde una pantalla de computador y en una oficina, la energía de molinos eólicos, granjas solares, baterías de almacenamiento, plantas de biomasa y fuentes de generación convencional.

La arquitectura tecnológica y financiera planteada tiene un precio. En geopolítica no hay almuerzos gratis y menos con una administración tan transaccional como la de Donald Trump.

Si Estados Unidos abre su chequera para salvar a Colombia del apagón, la factura llegará por otro lado: la previsible exigencia de que el país vete la participación de China en sectores estratégicos. También, endurecer radicalmente en las políticas antidrogas y migratorias.

A esto se puede sumar la sepultura definitiva de la polémica opción de importar gas desde Venezuela, dadas las sanciones y la brecha ideológica insalvable.

Así las cosas, la carta estadounidense deja de ser una simple preferencia y se convierte en la única vía política y financieramente viable para el gobierno de De La Espriella. Evitar que el país se apague será, sin duda, su primera prueba de fuego. El verdadero reto será administrar el costo de ese rescate.

@javimozzo

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Javier Mozzo
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