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Hay que levantar la prohibición del porte de armas

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Es obligación del Estado proteger los derechos a la vida, honra y bienes de TODOS los ciudadanos. Para cumplir ese objetivo el Estado se reserva los monopolios en el uso de las armas y la aplicación de pronta y debida justicia.

Pero, ¿qué pasa cuando el Estado no es capaz de garantizar esos derechos? 

El Estado debería permitir y facilitar a los ciudadanos ejercer otro derecho fundamental. El derecho a su legítima defensa. Y para qué haya un equilibrio entre la amenaza y  el riesgo el Estado debe permitir el porte de armas en todo tiempo y lugar a toda la población. 

En Colombia, con la disculpa de reducir los índices de violencia, el Estado les prohíbe a los ciudadanos el porte de armas para la defensa de su vida, honra y bienes.

Policía desarmada, desmotivada y desprestigiada

No satisfecho con desarmar a los ciudadanos. El Estado viene desarmando gradualmente a la Policía Nacional. La fuerza civil armada y uniformada creada por la Constitución y la Ley para proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

Hoy tenemos en ciudades como Bogotá y Cali una Policía desmotivada y la defensiva.

En Colombia no sólo desarmamos a los ciudadanos, sino también a la fuerza encargada de protegerlos.

El resultado es a una ciudadanía muerta del miedo que no se atreve a salir de sus casas porque el riesgo de no regresar es cada día más alto.

Una ciudadanía que ve a un Estado que parece al servicio de los delincuentes y no de sus ciudadanos, como debe ser.

Apuntadores, creo que llegó la hora de pedirle al Estado que revise su fallida política de prohibir el porte de armas. Las cifras de violencia no han bajado. Al contrario, cada día son más frecuentes y más violentos los ataques de las bandas criminales contra la población.  

La inseguridad dejó de ser una mera percepción. A estas alturas del partido no tiene sentido, ni justificación alguna impedir que los ciudadanos se defiendan de una delincuencia nacional e importada que actúa cada con más violencia.

Señor Presidente, señor Ministro de Defensa. Es hora de cambiar. Prohibir el porte de armas solo favorece a los delincuentes. Deja indefensos a los ciudadanos a quienes el gobierno nacional, los gobiernos locales, ni las fuerzas armadas del Estado parecen estar en capacidad de proteger. Permítanos ejercer nuestro derecho a la legítima defensa en condiciones más equilibradas.

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