Por: Alberto Díaz.–
El fútbol es de goles y no de merecimientos. Equidad con poco, hizo su negocio socio. En el inicio del partido Millonarios estuvo lleno de desaciertos, errores en marca, defensa retrocediendo a cero kilómetros, con pocas opciones de gol. El balón deambulaba sin ton ni son. Producto de la desconcentración llegó el gol asegurador. La historia se repite, error en la entrega y contragolpe fulminante. Desafortunadamente la acción de gol de Rangel fue invalidada por fuera de lugar y los volantes jamás intentaron disparar de media distancia. El cuadro azul reaccionó y con Agudelo y Rangel inquietaron el arco rival. No era necesario llegar hasta las narices del portero rival para buscar el empate.
Silva, ni hizo ni dejó hacer y Machado desconocido se durmió. Lewis aportó, Vásquez se asoció y la movió, Mayer salió e Insúa el gol gritó. Vargas corrió, Robayo la sudó pero se descachó, Cadavid casi la embarró, Vikonis (arquero líbero) corrigió. Díaz apenas cumplió, Agudelo salió y Romero se pifió.
El cuadro embajador en el segundo tiempo mejoró pero no alcanzó, perdonó y no la metió, allí el partido se perdió. Cuando el empate parecía ser lo indicado un nuevo «horror» defensivo costó el partido. La carta de crédito abierta para Lunari y jugadores en Bogotá para estos próximos encuentros empieza a desequilibrarse, un empate y una derrota no era lo presupuestado. Si el camino no se endereza ahora, la crisis estallará más temprano que tarde.
Albiazul saludo.





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