Por Javier Mozzo Peña
En una llamada telefónica el jueves, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu avanzó al presidente estadounidense Donald Trump las medidas que adoptará frente a los retrasos en la entrega de cuerpos de ciudadanos israelíes secuestrados por parte del grupo terrorista Hamas.
Trump, en respuesta, expresó su pleno respaldo a las acciones de Israel y muy posiblemente autorizó “desatar el infierno” en esa región, cansado de que el plazo para la entrega de los cuerpos se incumpla.
No están oficialmente detallados los términos en los que se desarrolló el diálogo, del que dieron cuenta varios usuarios de la red social Twitter. Es más, ni siquiera hay confirmación oficial y por escrito de una u otra parte que se haya producido.
Pero medio mundo pudo estar seguro de que es una comprobación más de que la esperanza de paz que abrió Trump para el Medio Oriente no se materializará.
Al menos se sostuvo unas horas al comenzar este mes con un precario cese al fuego, pero solo lo necesario para intercambiar a la veintena de israelíes que salieron de las madrigueras donde los tenían cautivos, sin comida ni comunicación, por centenares de árabes palestinos condenados y encarcelados por la justicia de Israel.
No hubo cumplimiento por parte de Hamas de entregar a todos los secuestrados, alegando que los cadáveres están bajo toneladas de ruinas que dejó la guerra. Ahora pesa mucho más el anuncio de varios países árabes de cortar todo lazo con ese grupo ante el engaño al que son sometidos.
Otra fotografía que se está revelando en Oriente Medio es la abierta confrontación de las facciones musulmanas chiíes y suníes, largamente congelada por los ataques contra Israel. Con los grupos próximos a Irán desmantelados en Líbano, Gaza y Siria, esa guerra está por desarrollarse en la península arábica a manos de la Hermandad Musulmana y la Yijad Islámica.
Los acuerdos de Trump convocaron a una paleta de países y religiones, sistemas democráticos y autocráticos, así como visiones del problema tan disímiles que, por ese lado, también era muy optimista pensar que la paz iba a llegar.
Como en Siria, la pólvora estaba regada por todos lados en Gaza y solo era cuestión de tiempo para que estallara. El incumplimiento del grupo terrorista a la primera fase del acuerdo, es decir, la liberación de todos y cada uno de los secuestrados del 7 de octubre del 2023, vivos y muertos, acercó una chispa que sin duda destruirá lo poco que aún queda en pie en ese territorio.
Si esa era la primera fase, es decir, si ese era el desayuno, ya vamos viendo cómo serán las próximas comidas.
Una segunda fase, el desarme de Hamas y su retiro de Gaza, ni siquiera ha comenzado. El acuerdo que firmaron naciones árabes, Estados Unidos, algunos europeos e Israel estipulaba específicamente que en su aplicación se debían entregar pertrechos ligeros y pesados. Muy al contrario, han venido siendo usados para alentar enfrentamientos entre clanes en Gaza que dejan ya centenares de muertos.
La tercera fase, hoy, se ve mucho más lejana. La perspectiva de que entre a gobernar un cuerpo internacional para asumir el control del territorio está aún en el papel y reconstruir sobre ruinas y cadáveres un espectacular espacio turístico como la Riviera Francesa, la Costa Brava o la Costa Azul, está a una distancia similar a la que separa la Tierra de la Luna.
Imágenes de milicias de Hamas recorriendo montañas de escombros, asesinando a personas con las manos atadas a la espalda y sus ojos vendados, recorrieron las redes sociales y son comprobación de que aún quedan cuentas por arreglar en Gaza.
Dirigentes de Hamas en el exterior, así como los que salieron de las cárceles de Israel prometiendo venganza contra el estado judío y Estados Unidos y advirtiendo nuevos ataques, dejan la perspectiva de paz sin sustento. El apoyo de naciones como Francia y Gran Bretaña al reconocimiento del estado Palestino, tiene envalentonadas a las milicias de Hamas.
Adicionalmente, los ataques de Arabia Saudita a las milicias hutíes en Yemen, estrechan más espacio a la esperanza. Ese país quiere acabar de una vez por todas con ese problema, que no le permite, entre otras, cuidar tranquilo los más sagrados sitios musulmanes, La Meca y Medina, así como su preciado negocio petrolero.
El debilitamiento de Irán y los posibles nuevos ataques que emprendan Israel y Estados Unidos para acabar con el régimen de los ayatolas, era el camino por donde se debía comenzar hace mucho tiempo. Así lo pedían muchos expertos sionistas, como el profesor Francisco Gil-White, para quien la supervivencia de Israel está hoy más comprometida que nunca.
Para Gil-White es mejor que el trabajo se termine de una vez por todas.
@javimozzo