La segunda oportunidad

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Presiento que, al paso que vamos, alias Epa Colombia va a terminar ocupando una curul en el Congreso y no una celda en la cárcel de mujeres, como lo ordenó un Juez de la República.

Vamos a premiar en lugar de castigar el vandalismo, el terrorismo y la incitación a la violencia. Mala señal para esos miles de jóvenes que se han tomado calles y plazas de Colombia para exigir que las cosas cambien.

La señal que les estaremos enviando en caso de que mi presentimiento se cumpla, será que la violencia es el camino para llegar a las instancias del poder.

A los jueces, a quienes tanto palo les damos por su lentitud y ese exagerado apego a la letra de la Ley cuando dejan libre a un delincuente porque faltó algún papel, les estamos diciendo que sus providencias y sentencias serán acatadas o desconocidas de acuerdo con la reacción que generen en las redes sociales.  Y de ese doble rasero de una nueva clase política que exige respeto por los Derechos, la Constitución y la Ley, pero solo cuando le conviene.

Con el muy discutible argumento de que merecemos segundas oportunidades, estamos perpetuando el expediente de que el crimen sí paga.

Hasta ayer estaba convencido que la congresista del Partido Verde pertenecía a una nueva generación de políticos que quiere rescatar valores como la transparencia, la igualdad, el respeto a los Derechos de TODOS los ciudadanos. Me trajo a esta reflexión una fotografía que una seguidora me hizo llegar por WhatsApp. En ella aparece la congresista Katherine Miranda posando sonriente con alias Epa Colombia enarbolando como bandera una camiseta que dice: “Yo creo en las segundas oportunidades”.

Pero no resultó que no. Que, como las viejas generaciones de políticos, ella cree que la justicia y los derechos deben ser iguales para todos, pero que hay unos más iguales que otros.

Miranda, quién es representante a la Cámara por Bogotá por el Partido Verde, es severa con sus oponentes y laxa con sus simpatizantes.

Apenas unas horas antes de la foto con alias Epa Colombia andaba descalificando, sin nombrarlas, a personas que trabajan con Alejandro Gaviria porque debilitan su aspiración presidencial al no cumplir los estándares de transparencia de la congresista que, como vemos son bastante flexibles.

Al parecer, para Katherine es más legítimo apoyar a una persona que usa su condena judicial como una plataforma política. Como si haber destruido propiedad pública y privada, causarle miles de millones en pérdidas a Bogotá y haber incitado a destruir el sistema de transporte masivo de la ciudad fueran atributos para reconocer y aplaudir.

Segundas oportunidades, pero no para todos

Mirada se suma a ese grupo de personas que no le perdonan al exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla haber intentado cumplir con su deber y lo quieren borrar del mapa aunque no se haya robado un solo peso. Pero le abren las puertas del Congreso a secuestradores, violadores de menores y terroristas porque ellos sí merecen una segunda oportunidad.

Los mismos que pregonan que saquear almacenes, bloquear carreteras y avenidas. Causar la muerte de bebés en ambulancias y desabastecer ciudades son comportamientos ejemplares.

Resulta que el mejor economista de Colombia no merece, por huraño y mala persona que parezca, una segunda oportunidad. Pero la joven que atentó contra el sistema de transporte masivo y presumió de hacerlo en sus redes sociales debe ser perdonada porque merece una segunda oportunidad.

Así no vamos a cambiar las cosas, sólo a los protagonistas de las mismas historias.

Y, ¿ saben qué? Creo que los adultos tenemos la culpa de que esta nueva camada de políticos y jóvenes en las calles piensen y actúen de esa manera. Nos hemos pasado 60 o 70 años alimentando ese círculo vicioso qué consiste:

Primero, dejar que crezcan y se fortalezcan bandas criminales llámense guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, asaltantes callejeros o cuatreros.

Segundo, exigir que sean combatidas y sus integrantes llevados a la cárcel cuando los niveles de violencia y criminalidad se salen de sus justas proporciones.

Y tercero, cuando ya los tenemos condenados y en las puertas de la cárcel, perdonarlos porque se merecen una segunda oportunidad.

Todo indica que esté “estallido social” que prometía hacernos cambiar solo será un simple reseteo. Un reinicio de la misma cultura cómplice de siempre. Sólo que con políticos 2.0 como protagonistas. Más de lo mismo, pero en versión millenial.

En Colombia nos hemos pasado la vida dándole segundas oportunidades a los delincuentes. 

¿Cuándo será que los ciudadanos que creemos en el trabajo con disciplina, honradez y dedicación, respetuosos de la Constitución y la Ley tendremos nuestra segunda oportunidad?

PD1

Una madre colombiana y su hija acaban de morir de hambre en los Estados Unidos porque nadie las escuchó aquí, ni allá. Porque se tuvieron que largar de su país porque aquí nadie, nadie, les dio una segunda oportunidad.

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