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Libertad para NO votar

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Por: Carlos Manjarrez 

La relación de los ciudadanos con respecto al Estado ha abonado océanos de tinta de grandes, medianos y pequeños pensadores de la cuestión política, sin embargo, los que plasman en sus escritos la fiel descripción de la fría realidad encarnan a los más agudos pensadores. 

Pero ¿Cuál es la descripción de nuestra fría realidad?, esta cuestión no es un saber exclusivo de un escritorzuelo en una oscura oficina, contrario a eso, es lo generalmente conocido, el encuentro entre lo vulgar y lo técnico. Por esa razón nuestras instituciones se encuentran tan deslegitimadas, según la encuesta de percepción de corrupción, el 94% de encuestados señala que la corrupción del gobierno es el principal problema de Colombia, le sigue la mala percepción del congreso, funcionarios públicos, jueces y magistrados. ¿Es simple percepción?, no. En nuestro argot popular se refleja estos datos, de hecho, es bien sabido que el político tiene mayor parentesco con el ladrón que con el líder o alguna especie de virtud, y no es de extrañar tal apreciación del hecho, pues es el estigma más común. 

¿Por qué el Estado cuenta con tanta ilegitimidad hoy en día?, quizá sea que la gran mayoría de ciudadanos ha tenido una experiencia de soborno o quizá sea los millonarios escándalos en que se ven envueltas las figuras políticas casi que, a diario, tal vez sea la vulgaridad con que los funcionarios públicos tratan a los miembros de la sociedad civil, en todo caso, los políticos insistirán en que es un problema de nosotros los ciudadanos y no de la estructura en que ellos se desenvuelven. 

Pero, desmintiendo toda la mitología y desatinos que envuelven la cuestión política, es bastante acertado asegurar que existe una dicotomía e incluso una tensión entre los políticos y la sociedad, pues si en ellos reside el poder, y el resto reside el sometimiento es ingenuo pensar que estos no usarán el poder para su propio beneficio. 

De hecho, el voto obligatorio tiene muchas finalidades, resolver los problemas del país, devolver la legitimidad en las instituciones y fortalecer la democracia no son ninguna de ellas. ¿Sabía usted que su voto tiene un precio?, en nuestra realidad jurídica se contempla el sistema de reposición de gastos por votos válidos obtenidos, es decir, hasta cierto porcentaje de votación se le repondrá al candidato lo que gasta en su campaña. Ser político es el mejor y más rentable negocio de Colombia. 

El proyecto del voto obligatorio va en beneficio directo de sus promotores, bonificándolos en dinero. No tienen nada que perder; al contrario, tienen mucho y todas las de ganar.[1]

No tenemos el deber de votar.  

En el uso de nuestra autonomía individual, podemos optar por no votar, libertad de abstenernos, ignorar el circo democrático. ¿bajo que justificación se me debe a mi coartar mis libertades?, dentro del marco de cualquier comunidad que respete los principios del derecho, in dubio pro libertates, es decir, en caso de duda, a favor de la libertad, si existen dudas alrededor del voto, se debe estar a favor de la libertad, y en cualquier motivo se me debe argumentar a mí, de manera amplia y suficiente las razones por la cual mi libertad debe limitarse, no es sano, mucho menos prudente, que de buenas a primeras se me impongan restricciones o sanciones por hacer uso de mi autonomía. Otro de los asuntos que entrañan esta discusión es que, si el voto es un derecho o un deber, el sufragio por origen histórico es un derecho, ya que hace parte del estatus del ciudadano, él lo puede ejercer y el puede no hacerlo, como cualquier otro derecho. Otro argumento es detener el abstencionismo, como si este no fuera una forma de protesta pacífica y legitima de mostrar el descontento de los cuerpos políticos desprestigiados por ellos mismos.

A esta propuesta se le suman la terrible idea del ciudadano absoluto, como si la política fuese el eje unidireccional del mundo humano, estas nocivas creencias amenazan la tan hostigada democracia colombiana, así como la extrema politización destruye la política, mucha democracia socava la democracia y tal como la absurda propuesta del voto obligatorio, amenazan seriamente nuestras libertades políticas.


[1] Álvaro Vergara, 2021. Voto obligatorio, la vuelta a la democracia mercantil

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