Millonarios 5 Pereira 1: la noche cuando volvió el hambre

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Millonarios 5 – Pereira 1

El Campín, 26 de febrero de 2026
Crónica de una noche fría que terminó en carnaval azul


🌧️ Antes del balón: plásticos, charcos y sospechas

Bogotá amaneció gris y se puso peor en la tarde. Aguacero de esos que hacen dudar hasta al más optimista. Cuando llegamos al estadio, los plásticos todavía cubrían la cancha desde la media hasta los arcos, inflados como pulmones gigantes llenos de agua. Los operarios, con esa paciencia silenciosa del que sabe que nadie los aplaude, empujaban el líquido hacia los costados como si ordeñaran el invierno.

Curioso: anoche jugaron aquí Santa Fe y Nacional y en televisión la cancha parecía digna. Hoy, vista de cerca, tardaba en recuperarse. El Campín es experto en maquillajes.

Los árbitros, aún de civil, caminaban la grama como quien revisa una obra recién terminada. La tribuna, todavía rala, hacía la tarea: cantar aunque no haya quórum.

Y el Internet… ese drama invisible. Estadio casi vacío y la señal colapsa. Los colegas se quejan. La solución, dicen, cuesta 90 mil pesos por partido. Uno piensa mal y recuerda a mamá Zoila: “piensa mal y acertarás”. Mejor seguir escribiendo y no hacer teorías.


🎶 La banda sonora: himno, polvo y norte lleno

En el tablero electrónico apareció la letra del himno azul mientras sonaba por los parlantes. Buena idea. Aunque hay canciones más modernas, más de piel erizada, el himno tiene ese aire solemne de aniversario. No es cualquier temporada: son 80 años.

Los Comandos Azules en lateral norte estaban completos desde temprano. Alta sur tardó en llenarse; quizá las inundaciones en el occidente de la ciudad frenaron a más de uno. El polvo de los extinguidores de colores volvió a flotar en el aire. Es festivo, sí. Pero cuesta respirar.


⚽ Un primer tiempo que no veíamos hace años

Millonarios salió con camiseta blanca, esa nueva que a muchos no nos convence. Descolorida. Impuesta. Pero el equipo decidió honrarla con fútbol.

Desde el minuto uno, presión alta. Recuperación inmediata. Anticipo desde los delanteros. Pereira no cruzaba la mitad. Al minuto 5, falta sobre Leonardo Castro. Tiro libre. Sebastián Valencia —zurdo, fama de especialista— cobró y marcó su primer gol con Millonarios. Alivio temprano. Celebración sentida desde el banco.

El equipo no se echó atrás. Al contrario: arrinconó. Beckham y Leonardo combinaban. McAllister ordenaba. Ureña y García recuperaban y tocaban en un suspiro. La diferencia con Silva en cancha es abismal; el equipo respira distinto.

Minuto 29: Mateo García, otro de los nuevos, culminó una jugada iniciada por Sarabia y Llinás. Dos fichajes estrenándose en la red. Minuto 40: Leonardo Castro, goleador reencontrado, el tercero consecutivo desde su regreso. Y antes del descanso, Sarabia firmó el cuarto con una serenidad de delantero veterano. Tal vez el mejor gol del año en Bogotá.

Cuatro a cero al descanso. Hacía años no se veía un primer tiempo así en El Campín: intensidad, convicción y hambre. No solo goles; actitud.


☕ Café, ovaciones y titulares definidos

Mientras caía el tercero, llegó un café inesperado a la mesa de trabajo. Pequeños lujos del oficio. La tribuna, desatada. Llinás y McAllister, confesos hinchas, los más ovacionados. Leonardo, ya ídolo funcional. Darwin Quintero y Hurtado, en cambio, recibían silbidos. La tribuna no perdona la indiferencia.

Se empieza a notar la mano de Fabián Bustos. Recuperación rápida y primer pase vertical inmediato. Trabajo de semana. Entrenamiento con balón real, no teoría.

Sarabia, consolidado como titular. En selección lo es; en Millonarios ya también. A veces el fútbol necesita confianza más que talento.


🔄 Segundo tiempo: gestión, VAR y advertencias

El Pereira intentó otra actitud tras el descanso. Cinco defensores, presión a la salida. Millonarios bajó revoluciones. Quizá guardando piernas para el duelo definitivo ante Nacional en Copa Sudamericana.

Al 58, quinto gol. Pase de McAllister. Fiesta total. Ovación para el equipo entero. Pero el partido dejó lecciones.

Minuto 68: VAR, penal para Pereira. Gol visitante. 5–1. Nada grave, pero sí un llamado de atención. Los partidos se respetan haciéndoles más goles, no administrando ventajas con displicencia.

Entraron Vega, Banguero, Darwin, Hurtado. Algunos cumplieron; otros confirmaron dudas. Quintero tuvo un remate flojo. Hurtado volvió a estorbar más que a sumar. La diferencia entre titulares y suplentes es amplia. Si llegan lesiones, el banco no garantiza el mismo nivel.


🧠 Más que un resultado

Este 5–1 no convierte a Millonarios en candidato al cielo. El Pereira es limitado. Pero a esos equipos hay que ganarles. Y golearlos también es respeto.

Lo importante fue la sensación: un equipo echado al frente, que no se conformó con el 1–0 ni el 2–0. Cuatro goles en 45 minutos. Recuperación rápida. Centrales lanzando pases verticales como volantes. Señales de trabajo serio.

El Campín se fue feliz. Hacía rato no se escuchaba esa alegría limpia, sin reproches.


🔵 En el año 80

Millonarios cumple 80 años. No todos los partidos serán épicos. Pero algunos marcan giros de ánimo. Este puede ser uno.

Hay una titular clara. Falta ver cómo encajan otros nombres en ese esquema. El reto será sostener intensidad ante rivales de mayor peso.

La noche empezó con charcos y sospechas. Terminó con fútbol y convicción.

Y eso, en Bogotá, no es poca cosa.

Nos leemos en la sección Millos 80 de LibretaDeApuntes.com.

Hasta el próximo partido.

Oído al tambor. 🔵

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editorgeneral
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Periodista | Libreta de Apuntes

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