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El negocio de la cocaína ya tiene un peso económico superior al de la principal exportación legal de Colombia. Esa es la principal conclusión de un estudio elaborado por los economistas Santiago Tobón, de la Universidad EAFIT, y Daniel Mejía, de la Universidad de los Andes, quienes estiman que la producción y el tráfico de cocaína generaron en 2024 ingresos cercanos a US$16.500 millones para las organizaciones criminales colombianas.

La cifra equivale aproximadamente al 4,4% del Producto Interno Bruto (PIB) del país y supera los ingresos obtenidos por las exportaciones de petróleo durante el mismo período. También representa cerca de cinco veces el tamaño económico estimado del oro ilegal en Colombia.

Sin embargo, los autores hacen una precisión fundamental: no están calculando el valor final de la cocaína vendida en las calles de Europa o Estados Unidos, sino la porción del negocio que realmente capturan las organizaciones criminales colombianas antes de transferir la propiedad de los cargamentos a compradores extranjeros.

Una diferencia clave

Buena parte de las diferencias entre las estimaciones existentes sobre el tamaño del narcotráfico provienen precisamente de esa pregunta: ¿en qué momento deja de ser propiedad de las organizaciones colombianas la cocaína?

El estudio sostiene que la respuesta tradicional —según la cual la droga se vende apenas cruza las fronteras colombianas— subestima considerablemente las ganancias que permanecen bajo control de las estructuras criminales nacionales.

Con base en evidencia judicial de Estados Unidos y Europa, investigaciones de Naciones Unidas y procesos penales recientes, Tobón y Mejía concluyen que muchos grupos colombianos mantienen la propiedad de parte de los cargamentos durante una porción mucho más extensa de la cadena de distribución.

En la ruta hacia Norteamérica, afirman, numerosas organizaciones conservan participación hasta la entrega en México. En el mercado europeo, donde no existe un único cartel dominante como ocurre en Estados Unidos, la participación colombiana llega incluso hasta el mercado mayorista en varios casos documentados.

Mucho más que vender en la frontera

El estudio calcula que las organizaciones criminales colombianas reciben, en promedio, unos US$5.920 por kilogramo de cocaína, cifra muy superior a los aproximadamente US$2.000 que obtendrían si toda la mercancía se vendiera en el origen.

Ese cálculo parte de una producción estimada de 3.001 toneladas de cocaína pura en 2024, de las cuales cerca de 2.662 toneladas habrían ingresado efectivamente a los mercados internacionales una vez descontadas las incautaciones y el consumo interno.

Los investigadores estiman que alrededor del 40% del flujo mundial termina en Norteamérica, aproximadamente un tercio llega a Europa y el resto se distribuye entre Suramérica, Asia, Oceanía y Oriente Medio.

Una economía que no deja de crecer

Uno de los hallazgos más llamativos del informe es la evolución del negocio durante la última década.

Mientras en 2014 el valor económico de la cocaína representaba alrededor del 0,8% del PIB colombiano, para 2024 habría alcanzado el 4,4%, impulsado casi exclusivamente por el crecimiento de la producción y no por aumentos extraordinarios en los precios.

En ese mismo período, la producción potencial pasó de menos de 300 toneladas a cerca de 3.000 toneladas, según las cifras utilizadas por los investigadores.

El informe también muestra que, mientras las exportaciones petroleras han perdido peso por la caída de los precios internacionales y la reducción de la producción, los ingresos derivados del narcotráfico han seguido aumentando. De acuerdo con las estimaciones presentadas, ambos indicadores se cruzan precisamente en 2024.

¿Qué implica para la economía?

Más allá del tamaño de las cifras, el documento plantea un cambio de enfoque para entender el fenómeno.

Los autores sostienen que el narcotráfico no debe analizarse únicamente como una actividad ilegal localizada en las zonas de cultivo o en las fronteras, sino como una cadena económica internacional en la que las organizaciones colombianas participan durante más tiempo del que normalmente se reconoce.

Esa conclusión tiene consecuencias para las políticas públicas. Si la mayor parte del valor capturado por las estructuras criminales se genera durante el tránsito internacional y la distribución mayorista, las estrategias de persecución deberían concentrarse también en esos eslabones y no exclusivamente en la producción agrícola o los laboratorios de procesamiento.

Una estimación, no una cifra definitiva

Los investigadores reconocen que la medición tiene márgenes de incertidumbre.

El cálculo central ubica el tamaño de la economía de la cocaína en 4,4% del PIB, pero establece un rango probable entre 4,0% y 4,8%, dependiendo de variables como el volumen efectivo de producción y la proporción de la cadena de comercialización que permanece bajo control colombiano.

También advierten que la producción de cocaína sigue siendo una actividad clandestina y que ninguna fuente oficial registra directamente el momento exacto en que cambia la propiedad de los cargamentos, razón por la cual la metodología combina datos públicos, evidencia judicial internacional y simulaciones estadísticas.

Pese a esas limitaciones, el estudio concluye que la economía de la cocaína es hoy una de las actividades económicas más grandes del país y que su dimensión supera ampliamente lo que tradicionalmente se había estimado.

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