Por: Redacción Libreta de Apuntes
La economía colombiana arranca 2026 en una encrucijada que pondrá a prueba los libros de texto de política monetaria. Mientras el país apenas asimila un incremento del salario mínimo del 23,7%, el equipo de Investigaciones Económicas de Bancolombia lanza una advertencia clara: los riesgos inflacionarios han vuelto a inclinar la balanza y la respuesta del Emisor será, con alta probabilidad, un apretón en las tasas de interés.
El regreso del sesgo contractivo
Para la próxima reunión de la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR), se espera un incremento de 50 puntos básicos, lo que llevaría la tasa de intervención al 9,75%. Pero esto es solo el comienzo. Las proyecciones del Grupo Cibest sugieren que el ciclo alcista será más agresivo de lo previsto, pudiendo alcanzar un techo del 11,00% a finales de 2026.
La razón principal es una inflación que se resiste a bajar. El proceso desinflacionario ha sido más lento de lo esperado y se ha topado con «choques adicionales» que presionan los precios al alza.
El fenómeno del «Consumo Rebelde»
Lo que más inquieta a los analistas no es solo la inflación, sino un cambio estructural en el comportamiento de los colombianos. Históricamente, subir las tasas servía para encarecer el crédito y, por ende, frenar el consumo. Sin embargo, ese canal parece estar obstruido.
- Menos dependencia del crédito: La relación entre la cartera de consumo y el gasto de los hogares cayó del 23% al 16% desde 2022.
- Gasto en ascenso: A pesar de que el crédito se ha comprimido, el consumo de los hogares es hoy un 26% superior a los niveles de 2019.
- Fuentes alternativas: El gasto ya no se financia solo con tarjetas o préstamos, sino con ingresos corrientes que no dependen de las tasas del Banco de la República: remesas (que ya superan los ingresos petroleros), turismo y precios del café en máximos históricos.
«La efectividad de la política monetaria podría estar acotada en tanto han emergido con fortaleza fuentes alternativas para financiar el consumo privado que resultan muy poco sensibles a las tasas de interés».
Un ojo en el retrovisor: El impacto del salario mínimo
El ajuste del 23,7% en el salario mínimo no es solo un tema de justicia social o costos laborales; es un multiplicador de inflación. Según el análisis, la elevada indexación de servicios al salario mínimo dificulta que la inflación regrese al rango meta del 2% al 4% en el corto plazo. De hecho, el consenso de analistas ya sitúa la inflación de cierre para 2026 en un 6,2%, lejos de la meta del Emisor.
Contexto Internacional: Vientos cruzados
En el frente externo, el panorama es mixto. Mientras el FMI revisó al alza el crecimiento global para 2026 al 3,3%, persisten nubarrones por la incertidumbre comercial y las tensiones geopolíticas.
En EE. UU., la economía muestra resiliencia con un crecimiento del PIB del 4,4% en el tercer trimestre de 2025, pero con señales de enfriamiento en el sector servicios y manufactura al inicio de 2026. Por su parte, China logró cumplir su meta del 5% en 2025, pero se enfrenta a una demanda interna debilitada y una crisis inmobiliaria que no da tregua.
¿Qué pasará con el bolsillo?
Para el ciudadano de a pie, este escenario significa dos cosas:
- Dólar estable pero bajo vigilancia: Se espera que la TRM cierre enero cerca de los $3.704, aunque con una tendencia al alza hacia finales de año rondando los $3.819.
- Mercado laboral bajo presión: Aunque el desempleo urbano cerró 2025 en niveles históricamente bajos (8,2% estimado en diciembre), el fuerte incremento del salario mínimo para 2026 podría empezar a destruir empleo formal en los próximos meses.
Conclusión: El Banco de la República se enfrenta a un 2026 donde las herramientas tradicionales tienen menos «tracción». La gran pregunta es si los incrementos en la tasa serán suficientes para anclar las expectativas de una sociedad que ha encontrado formas de seguir gastando, incluso cuando el crédito es prohibitivo.





