«En medio de una complejidad abrumadora, la ciencia es la brújula que nos permite encontrar el orden en el caos. No hay mayor acto de responsabilidad social que someter la gestión de lo público al rigor de la evidencia y a la transparencia del dato».
Fernando Salgado, inspirado en el pensamiento de Isaac Newton.
Por: Fernando Salgado Quintero MD MSc *
En el panorama científico actual, la producción de conocimiento sobre Inteligencia Artificial (IA) ha alcanzado una escala sin precedentes. Se estima que el volumen de publicaciones técnicas crece de forma exponencial, con miles de nuevos estudios generados diariamente a nivel global.
Esta aceleración no es fortuita; es la culminación de un anhelo histórico por comprender la complejidad de la vida. Como afirmaba Leonardo da Vinci, “La ciencia es el capitán y la práctica son los soldados».
Hoy, en Colombia, el sistema de salud requiere que la ciencia y la tecnología asuman el mando para rescatar una práctica institucional que se desvanece entre la burocracia, la politiquería, la corrupción, la impunidad y la desatención.
El funcionamiento de la IA, basado en el Aprendizaje Automático (Machine Learning) y el Aprendizaje Profundo (Deep Learning), permite identificar patrones en vastos volúmenes de datos que el análisis humano convencional omite. No obstante, mientras el mundo avanza hacia la medicina de precisión, nuestras instituciones rectoras suelen relegar la tecnología y la calidad a un tercer plano.
Necesitamos un «giro copernicano» similar al de Nicolás Copérnico, así como él situó al Sol en el centro del universo, nosotros debemos situar el dato técnico y la calidad en el centro del sistema, desplazando el interés político de turno. El Ministerio de Salud debe modernizarse y despolitizarse, no podemos seguir administrando un presupuesto de vida o muerte con herramientas de oficina técnica de segunda línea.
La crisis actual no es solo de gestión, es de confianza y sostenibilidad. Es urgente estabilizar la compleja situación financiera y honrar las deudas acumuladas con clínicas y hospitales, que son la columna vertebral del servicio.
Aplicando la tercera ley de Isaac Newton a cada acción corresponde una reacción, la inacción y la ineficiencia de los entes de inspección, vigilancia y control como la Superintendencia Nacional de Salud, y la Contraloría han generado desde hace ya tiempo una reacción de impunidad.
Es inaceptable que se mencionen pérdidas por 40 billones de pesos por corrupción y no se recupere ni el 1%. La IA debería ser la herramienta de auditoría definitiva, algoritmos insobornables que rastreen el flujo de recursos en tiempo real, transformando la vigilancia reactiva en una inteligencia predictiva que proteja el erario. Pero la tecnología no es una solución aislada, debe servir a una reforma que responda a las necesidades reales de nuestra nación. Colombia no es un territorio homogéneo.
Requerimos una reforma a la salud con un modelo híbrido que reconozca nuestra profunda diversidad étnica, cultural y las abismales diferencias territoriales y demográficas. No se puede gestionar igual la salud en la alta Guajira que en el norte de Bogotá.
La IA permite, precisamente, esa personalización, analizar determinantes sociales y geográficos para adaptar el modelo a la realidad de cada comunidad, garantizando que la tecnología sea un puente hacia la equidad y no una nueva barrera de exclusión.
Siguiendo las recomendaciones de la UNESCO, el uso de la IA en salud debe ser transparente y ético. Debe actuar como un «copiloto clínico» que potencie la eficiencia operativa como la automatización de diagnósticos o la gestión de agendas para devolverle al personal de salud en especial a los médicos y enfermeras lo más valioso, el tiempo para el cuidado humano. Sin embargo, como bien decía Juan Manuel Galán, la madre de todas las batallas es la reforma política. Sin transparencia en el poder, la corrupción seguirá devorando los avances técnicos.
La verdadera transformación de la salud en Colombia nace de la amalgama entre la vanguardia tecnológica y el respeto por nuestra diversidad territorial. Invitamos a los jóvenes profesionales a liderar este cambio con rigor científico y responsabilidad ética.
El éxito de nuestro sistema no dependerá de discursos grandilocuentes, sino de la capacidad de estabilizar las finanzas, despolitizar las instituciones y usar la ciencia para humanizar la atención. La calidad no es un destino, es el único camino posible para construir un país donde la vida sea, por fin, el algoritmo más importante






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