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Por: Alejandro Reyes

No dejemos que los desbalances económicos nos desequilibren

La mayoría de las veces, cuando nos referimos a la situación y previsiones económicas, concentramos nuestra mirada en el crecimiento, el desempleo, la inflación y las tasas de interés; esas variables macroeconómicas más conocidas. 

Sin embargo, hay otro amplio número de indicadores económicos muy importantes que no gozan de la misma difusión. 

En esta oportunidad, nos centraremos en los balances macroeconómicos más relevantes: el externo y el fiscal.

El balance externo, también conocido como el balance en cuenta corriente, resume la relación entre el país y el resto del mundo. 

Por ejemplo, cuando las importaciones son mayores que las exportaciones, este indicador suele ser deficitario, es decir le compramos más al mundo de lo que le vendemos. 

En promedio, este indicador es deficitario para Colombia, del -4,6% del PIB en la última década. 

En el periodo postpandemia el indicador alcanzó un registro muy elevado, de -6,2% del PIB, en buena medida apoyado en un fuerte consumo de bienes importados. Desde este muy alto nivel se redujo marcadamente, cerrando 2023 en -2,7%. 

Este es un reflejo de la fuerte desaceleración de la economía. Para 2024 esperamos se mantenga en niveles similares para luego hacerse gradualmente más deficitario.  

El balance fiscal, resultado de la diferencia entre el gasto del gobierno y su ingreso, también suele ser deficitario. 

En este caso, la pandemia tuvo una fuerte incidencia en este resultado llevándolo de -2,5% del PIB en 2019 a -7,8% del PIB en 2020, producto del apoyo desde el gobierno al sistema de salud y los hogares vulnerables. 

Una realidad observada en la mayoría de las economías del mundo. Sin embargo, la velocidad de ajuste en la post-pandemia ha sido relativamente lenta en Colombia, diferenciándose significativamente de sus pares regionales. 

El gobierno estima un déficit de 5,6% y 5,1% del PIB para 2024 y 2025 respectivamente, niveles relativamente altos.   

La combinación de estos dos desbalances, mayores que nuestros pares regionales, en un contexto de crecimiento económico limitado, comienza a despertar algunas alertas entre inversionistas y calificadoras. 

Por ello, es de suma relevancia emprender las reformas económicas necesarias para reducir estructuralmente estos desbalances.

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