Por Javier Mozzo Peña
A días del desastroso encuentro del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski y el estadounidense, Donald Trump en la Oficina Oval de la Casa Blanca, se va notando el profundo vacío producido por el abandono de Estados Unidos a la estrategia de defensa en Europa.
Las calamitosas imágenes de los ataques provocados por Vladimir Putin en varias regiones ucranianas en los últimos días, han mostrado las terribles consecuencias de no contar con los recursos de inteligencia militar estadounidenses, por solo mencionar una parte de ellos.
De manera lenta, Europa ha tratado de compensar ese hueco dejado por Trump. El Reino Unido ha suministrado inteligencia vital con datos y posiciones rusas y otras naciones han ofrecido la suya. Pero ninguna es tan completa ni tiene la misma escala que la proporcionada por la superpotencia mundial.
Aviones Mirage entregados por Francia y en servicio en Ucrania, se han enfrentado a drones y misiles de crucero lanzados por Rusia durante sucesivos ataques aéreos, que no tienen otra intención sino la de llegar fuerte ante una eventual mesa de negociaciones de paz, que cada día luce más lejana.
Al terminar la semana, ataques rusos con misiles y aviones no tripulados en la región oriental ucraniana de Donetsk provocaron la muerte de 14 personas. Allí, fuerzas rusas habían estado avanzando, en una marcha que ya había dejado 11 víctimas fatales, incluido niños.
Son desesperados los intentos del autócrata Vladimir Putin por llegar con una posición que le permita asegurarse el territorio ocupado, algo que ya sucedió en Crimea y que permitió Europa.
Es lenta y tediosa la espera a que los esfuerzos europeos se materialicen una defensa sólida, que pueda compensar el vacío estadounidense. Una muestra más de años de reducción y abandono de presupuestos en seguridad y defensa militar, confiados a la potencia de fuego y movilidad del poderoso socio norteamericano.
En la reciente ofensiva rusa fueron lanzados 67 misiles de crucero y 194 drones, solo el pasado viernes, que bombardearon infraestructura vital energética y civil, algo que está prohibido por los tratados internacionales.
Fue el primer gran bombardeo desde que Washington detuvo la ayuda y el intercambio de información a Ucrania.
Y fue en el mismo día en el que la Agencia Nacional de Inteligencia Aeroespacial estadounidense anunció que había interrumpido el intercambio de imágenes satelitales con Ucrania, usadas para rastrear movimientos de tropas rusas.
“Sin Estados Unidos, en la defensa europea todo gira en torno a nosotros”, escribió el prestigioso Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, una autoridad global para el análisis de la seguridad, los riesgos políticos y militares y los conflictos.
El dramático giro también lo dieron Finlandia y Polonia, que estarían buscando retirarse del Tratado de Ottawa, formalmente llamada “Convención sobre prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y su destrucción”.
No hay que ser demasiado observador para darse cuenta que es una muestra inequívoca de que ambos países se están preparando para una posible invasión terrestre de su vecino ruso y que apelarán a todo tipo de armas para contenerla.
Ivo Daalder, el director ejecutivo del Consejo de Asuntos Globales de Chicago y un antiguo embajador de Estados Unidos en la OTAN, escribió en Foreign Policy que es hora de un nuevo acuerdo trasatlántico.
En ese nuevo entendimiento, Europa asumirá, por fin, la responsabilidad principal de su seguridad, pero debe haber garantías concretas y fiables de que Estados Unidos respaldará esa transición, que es, ante todo, costosa, advirtió el experto.
En el Consejo Europeo del pasado 6 de marzo quedó absolutamente claro un acuerdo clave y fundamental sobre un principio básico: los gobiernos europeos solos y en conjunto, dedicarán los recursos necesarios para financiar un rápido fortalecimiento de sus defensas y el apoyo a Ucrania.
Ya está sobre la mesa la propuesta de destinar 800.000 millones de euros en ese propósito, una cifra superior a la que empleó el Viejo Continente en la guerra contra la pandemia del COVID-19.
Incluso, el presidente Emmanuel Macron de Francia -una de las dos naciones europeas con armas nucleares- dejó sentada la posibilidad de enviar tropas a Ucrania, algo que ya recibió la oposición de Hungría e Italia.
Para analistas, con esa nueva estrategia, Europa también quiere que Ucrania y el propio continente estén preparados para un futuro cese de hostilidades y para atender un calendario claro en el que se transfiera toda la responsabilidad de la defensa a los propios europeos.
La presidente del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, ha ido más allá. Ha planteado la posibilidad de que Ucrania sea incluida dentro de la zona protegida por el artículo 5 de la OTAN, que es el que armoniza el concepto de defensa colectiva del bloque.
Es decir, que un “ataque armado” contra un país miembro en Europa o Norteamérica se considerará un ataque contra toda la alianza. Eso permite que los miembros de la OTAN puedan ejercer las medidas necesarias, incluso de fuerza, para restaurar la paz y la seguridad.
El escenario se vuelve más complejo con el paso de los días y va hacia algo que pocos esperaban al comenzar esta década: que países otrora neutrales como Suecia y Finlandia -relucientes nuevos miembros de la OTAN- sean empujados hacia un frontal enfrentamiento contra Rusia.
Hacia allá vamos.
@javimozzo