Perder población, un lío enorme

Perder población
Comparte:

Por Javier Mozzo Peña

Luisa, Valentina y María Alejandra, empacaron sus vidas en unas cuantas maletas y se marcharon de Colombia. Jóvenes de alrededor de 20 años que no esperan volver y entregan sus vidas y trabajo al cuidado de España, Australia y Estados Unidos. Un sabor de defraudación por lo poco que ofrece su país, pero con la esperanza de un futuro mejor. Perder población.

A las preocupaciones sobre la política interna y la marcha de la economía, Colombia debería también poner más atención a una potencialmente grave: la pérdida de población. Esta semana, Ricardo Ávila, el editor senior del periódico El Tiempo, llamó la atención varias veces sobre centrarnos en ese problema, en una charla sostenida con Periodistas Sin Filtro.

Con la migración acelerada de jóvenes, la reducción de nacimientos y el aumento de fallecimientos, se causan graves desequilibrios, especialmente para la esperada reactivación de la economía. Los desbalances también se extienden al sistema de pensiones -ávido por nuevas cotizaciones- y a la financiación del sistema de salud y del Presupuesto vía impuestos.

No es que la salida de colombianos sea nueva, ni que el país se esté vaciando de personas. Pero hay dos problemas: perdimos la senda de crecimiento, la cual debe recuperarse urgentemente, y se debe afrontar una agenda de sostenibilidad con muy desafiantes metas para cumplir a la vuelta de 6 años. Ambos requieren no solo mucho dinero sino el recurso humano, calificado o no.

Ávila nos contó que en los últimos dos años se han ido alrededor de un millón de colombianos, vía aérea. Las salidas ilegales, afrontando caminatas por meses, cruzando selvas y desiertos, suelen ser muy superiores. Solo en la frontera con México y Estados Unidos, se reportaron 125.000 colombianos tratando de cruzar en todo el 2022. A mitad del año pasado, esa cifra ya se había rebasado y se acercaba a los 180.000. 

El goteo de colombianos embarcando hacia otros países ha sido especialmente intenso desde la década de 1970, cuando la bonanza petrolera de Venezuela pintaba un futuro esperanzador. La ola migratoria alcanzó niveles también dramáticos en el gobierno de Andrés Pastrana, ante el recrudecimiento de la violencia y la crisis económica.

Resulta que la situación actual parece reunir muchos de los ingredientes del pasado. Atropella al país en un momento en que la inversión privada cae, los programas de construcción de vivienda están paralizados y hay poca ejecución presupuestal. En el contexto actual, entonces, la migración de colombianos resulta en una condena para el desarrollo del país.

Las cifras corroboran las preocupaciones de Ávila. Según Migración Colombia, en el 2022, las salidas de colombianos superaron en 498.620 a las entradas, mientras que en el 2023 alcanzaron los 445.513. Es decir, en dos años salieron del país casi 945.000 personas. Remplazar con inmigración esas salidas no es fácil, si se tiene en cuenta que son mucho menos las personas del exterior que deciden quedarse.

Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflicto (CERAC), fueron los jóvenes entre 18 y 29 años los que más migraron en el 2022, seguido por adultos entre 30 y 39 años, la mayoría saliendo por los aeropuertos del país. 

Un año “típico” como 2018, Colombia registró unas 94.000 salidas de nacionales, que fue, de todos modos, un 114 por ciento superior al 2015. Los destinos favoritos: España y Estados Unidos.

Es cierto que las cifras de los dos últimos años pueden pintar un mal panorama por el estancamiento ocasionado por la pandemia de 2020, cuando se cerraron aeropuertos y toda movilización. No obstante, con la caída en el índice de natalidad, el envejecimiento poblacional y el aumento de la mortalidad, la situación debe llamar la atención de las autoridades.

Ahora bien, aparte de no encontrar oportunidades, los jóvenes colombianos también se van para buscar mejor y más barata educación, la posibilidad de invertir y hacer negocios, la inestabilidad política y social, la calidad de vida y un contexto de creciente inseguridad.

Otras razones de peso apuntan a que los salarios ofrecidos aquí no cubren los gastos del hogar y que una persona mandando remesas desde el exterior puede aprovechar la relativa devaluación del peso, lo cual hace más rentables los giros.

La mano de obra colombiana es altamente demandada en el exterior. El Reporte Global de Contratación Internacional destacó en enero pasado que el país se ubicó entre los cinco primeros en el mundo de los mercados con mayor número de trabajadores contratados en el exterior. 

De acuerdo con el informe elaborado por Deel, una de las firmas de recursos humanos más importantes del mundo, en el último año, Estados Unidos y el Reino Unido lideraron la contratación de profesionales colombianos, mientras que en España y Argentina se evidenció un rápido aumento.

El futuro tampoco pinta halagüeño. Una encuesta de la firma CID Gallup en 2023, publicada por el portal Infobae, encontró que casi la mitad de colombianos encuestados afirmó que optaría por emprender y capacitarse en otros países, si contara con los medios financieros adecuados. Se trató de un incremento de 2,2 puntos porcentuales frente a la medición del 2022.

Colombia se ubicó, así, como la nación hispanoamericana en la que más ciudadanos deciden migrar.

Empacar la vida en un morral deja al país sin muchas posibilidades de salir del subdesarrollo. Se van sueños y esperanzas, pero también se deja en el limbo un futuro de crecimiento y prosperidad.@javimozzo

Comparte:

Deja una respuesta