Que la indignación nos movilice

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Por: Paola Pérez Díaz *

En qué momento dejamos perder tanto como sociedad. En qué momento, y de manera voluntaria, decidimos ponernos una venda en ojos, bocas, oídos y manos y actuamos como ciudadanos que solo velan por su bienestar. Damos la espalda a lo que nos duele. Y como si fuera un acto de heroísmo, mostramos un rechazo, buscamos culpables en el otro y nos quejamos. Y para los que más van allá, usan un hashtag en redes. Pero, seamos honestos. ¿Qué más se puede esperar de una sociedad cuyos líderes hacen justamente eso? Me pregunto, ¿dónde están esos seres de la patria que para las elecciones del mes de marzo levantaron su voz con la bandera de la protección a los niños? ¿Dónde está esa vehemencia en contra de lo que le pasó a esa niña de 3 años que fue violada y torturada la semana pasada? ¿Dónde están las acciones de esos que hoy pretenden liderar un país? Pero qué va. Si son precisamente ellos quienes han entrado en una conversación nacional delimitada a la crítica del otro, a lo que ha hecho mal el contrario, a fortalecer conversaciones basadas en las emociones y en el odio. Olvidamos que somos una sociedad y que lo que define a un ciudadano es la solidaridad, la colaboración, el bien superior.

¿Y nosotros qué? Qué de todos aquellos exitosos empresarios, de sus redes de contacto, de sus importantísimos almuerzos. ¿Acaso no podría unirnos una causa tan esencial y común como los niños? De qué sirve la indignación si no es para actuar. O acaso estamos esperando, sentados en el sillón de la casa, al frente del televisor, que algún día de mayo o en una segunda vuelta de junio, aparezca el mesías y solucioné él, de manera divina e independiente, todo lo que criticamos a diario? Y si simplemente los que sabemos leer y escribir enseñamos algo de lo que sabemos a quienes lo necesitan. Y si todos aquellos que tienen agendas apretadísimas entre almuerzos, reuniones y eventos, sacan un mínimo espacio de su tiempo para remangarse y hacer una mejor sociedad. Es valorable el esfuerzo empresarial en donde algunas organizaciones en el marco de sus estrategias de RSE canalizan recursos en este sentido. Pero falta más. Desde lo personal. Desde lo que sabemos. Desde lo que queremos. Muchos somos padres, hijos, hermanos, tíos, pero también somos ciudadanos y ahí está nuestro deber de actuar y de construir una mejor sociedad.

No podemos seguir con los brazos cruzados. Indignémonos, pero hagamos algo. No somos conscientes del poder que tenemos como sociedad para construir desde lo positivo, para movilizarnos, para compartir nuestro conocimiento y habilidades, para aprender del otro. No podemos dejar que sufran más Yulianas, que haya más casos de estos, que nuestros niños sean tan vulnerables. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) en el 2016, del total de delitos sexuales registrados, el 86% fue en contra de niños, niñas y adolescentes entre 0 y 17 años. ¡0 años! Las cifras están. Los casos también. ¿Qué estamos esperando?

Menos titulares alarmantes y más llamados vehementes para proteger los derechos de los niños. Menos entidades y más acciones coordinadas y articuladas. Más gestión intersectorial. Menos ciudadanos pasivos que critican y se alarman, y más pequeñas acciones que sumen y construyan tejido social. Más conversaciones positivas que revaloren nuestro deber como ciudadanos. Estamos en mora. La indignación que sentimos, debe traducirse en movilización. Ya.

En resumen, y para entrar en las llamadas “conversaciones de tendencia”: #MenosIndignacióMásMovilización

 

*Directora de Comunicación KREAB Colombia

 

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