Salud en cuidados intensivos 

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Por: Uriel Ortiz Soto (*)

¿Cómo pretender firmar el acuerdo de paz, cuando más del 50% de los colombianos están desprovistos del servicio de salud, por culpa de funcionarios corruptos que se la robaron, y nada pasa?

Ante los descalabros de Caprecom y Colsalud, fuera de otras empresas que se encuentran a punto de colapsar, sumado a la crisis de clínicas y hospitales, es indudable que para los próximos días se presentará una masacre laboral, donde los más afectados desde luego, serán los profesionales y auxiliares, que junto con los usuarios, pedirán al gobierno con justificada razón soluciones concretas, puesto que la situación es tan grave, que ya no da mas espera,  la crisis  ya tocó fondo y es de imperiosa necesidad aportar soluciones  concretas y definitivas a corto plazo.

Parece que el gobierno y sus dirigentes han olvidado que la salud, es uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos, que por lo tanto deben existir para cada caso en particular planes y programas que estén acordes a sus capacidades, caso contrario, es el Estado quien debe darles protección, pero jamás convirtiendo tan básica urgencia en los vergonzosos  paseos de la muerte por falta de una afiliación o recursos económicos.

Es indudable que la paz y la salud, son dos instituciones que van cogidas de la mano, no puede hablarse de paz en un país donde los ciudadanos para lograr una cita médica especializada, se demoran hasta cuatro meses para conseguirla, cuando no es que tienen que acudir a la acción de tutela, luego para obtener los medicamentos recorrer el mismo viacrucis, son desesperantes las denuncias que se están presentando desde todos los rincones de Colombia, donde las colas y las quejas para lograr el servicio son impresionantes.

Valdría la pena que los negociadores del proceso de paz en la Habana – Cuba, tanto de parte del gobierno como de la guerrilla de las Farc, se pronunciaran sobre el tema de la salud, puesto que continuar avanzando en los diálogos en medio de semejante problemática social, no tiene ningún sentido, lo primero que debería hacerse es establecer responsabilidades, no se justifica que muchos que están jalonando el proceso de paz, se encuentren incursos en diferentes procesos o señalamientos de ser responsables del robo a la salud en Colombia.   

Es inaudito que varios de los defraudadores: Senadores, Representantes, gobernadores, alcaldes; gerentes de EPS, IPS, directores de clínicas, hospitales, y funcionarios del alto gobierno, continúen despeñando sus cargos, dando alardes de ser personas honestas, pavoneándose ante las altas esferas sociales, cuando en su conciencia tienen todo un laberinto de culpabilidad por los miles y miles de muertes de compatriotas que han fallecido por su culpa en las puertas de las clínicas y hospitales, o abandonados a su suerte en sus viviendas donde con resignación esperan la muerte, puesto que no encontraron  alternativa distinta.   

¿Será posible lograr la paz en estas condiciones? ¿Con millones de compatriotas abandonados a su suerte, puesto que para obtener una cita médica o solicitar un medicamento, tienen que acudir a los estrados judiciales, para que sean atendidos, cuando muchas veces ya es demasiado tarde; con la indignación de las familias de los enfermos que fallecieron esperando la decisión judicial?

¿Si esto no es injusticia, dónde está entonces la justicia con seguridad social que tanto pregona el señor Presidente de la República?

El pueblo colombiano no se encuentra saludable, ni anímicamente capacitado, para transitar por los senderos de la seguridad y la prosperidad que con tantos bombos y platillos está prometiendo el presidente Santos, la razón es muy sencilla: más de treinta millones de compatriotas se encuentran desprotegidos por los servicios de salud del Estado. 

¿Será que un pueblo en esas condiciones y ante la incertidumbre de no tener salud, puede marchar tranquilo por caminos del progreso y la prosperidad? ¿Cuándo para ingresar a la nueva empresa que es la paz, hay que estar en buenas condiciones físicas y anímicas? el solo hecho de no tener asegurado los servicios de salud para él y su familia, lo angustia y no mira con entusiasmo esta nueva empresa llamada: Paz.

Es apenas de elemental razón que para ingresar a un nuevo status, sus ciudadanos deben tener asegurados los más elementales derechos a tener una asistencia médica y hospitalaria, con el eficiente suministro de medicamentos y los paliativos indispensables para procurar atender las enfermedades terminales.

Las advertencias que hicimos por esta columna-Cómo se roban salud-, con fecha 2 de febrero del año en curso, se están cumpliendo al pie de la letra, creo que nos quedamos cortos en denunciar los astronómicos desfalcos hechos a clínicas y hospitales por los mismos directores, bajo las órdenes de sus jefes políticos que los llevaron allí con ese objetivo.

En la semana que termina ha sido angustioso ver las colas de usuarios de Caprecom y  Colsalud, abogando por una cita médica, en estas dos empresas se albergan casi doce millones de usuarios, que al haber colapsado por casos de corrupción, se encuentran a la deriva y muy seguramente que el problema por más que el Ministro de Salud trate de minimizarlo, es de marca mayor, para posteriores días se prevén serías reyertas encabezadas por los usuarios de hospitales, clínicas, de EPS, IPS, lazando diatribas contra los funcionarios corruptos,  que se las  reobraron en contubernio con políticos y contra el gobierno por permitir que esto ocurra cuando los campanazos de alerta, tiene prendidas las alarmas desde hacer varios años.   

Un ciudadano sin servicios de salud, es persona insegura, puesto que ve con angustia que en caso de una emergencia de él o su familia, no tiene la forma conjurarla, toda vez que las enfermedades o accidentes son como la muerte, llegan a la hora menos pensada.

Pero por favor señor Ministro de Salud: antes que cualquier solución, lo primero es dar a conocer a la opinión pública la lista de sus defraudadores, y activar los procesos penales y de responsabilidad civil, que se les adelanta en los Organismos de Control, Para que paguen por sus fechorías.   

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