Por: Sonia Idárraga y Bernardo Rodríguez (*)
Mientras unos se preocupan por el sí al día sin carro mensual, otros plantean su no a la idea de esta propuesta. Algunos de nuestros dirigentes llevados por el afán de promover el uso de la bicicleta, no se han planteado el cumplimiento de las normas que existen al respecto. Uno de los grandes dolores de cabeza para los transeúntes y conductores bogotanos es precisamente la movilidad de los ciclistas, quienes en la mayoría de los casos y sobre todo el famoso “día sin carro” toman una actitud despectiva hacia los demás; ya que se sienten respaldados por las autoridades, no respetan semáforos, se convierten en una especie de híbridos entre peatones y automotores.
Por un lado cuando están los semáforos en verde para los peatones, se convierten en peatón; por el contrario, si el semáforo está en verde para los carros, son carros. Esta amalgama de la normatividad acarrea serios problemas, tanto para conductores como para peatones. Para los carros, porque si hay algún accidente, quien sale perdiendo es el conductor del automóvil. “pobrecito el indefenso ciclista que no cuenta sino con su caballito de dos ruedas” así se haya atravesado alocadamente; pero si por el contrario, es un ciudadano a pie al que el gran señor ciclista hace caer, empieza a buscar culpables en los carros; esto lo digo con conocimiento de causa.
El pasado día sin carro, cruzábamos una cebra con mi esposa y otros dos ciudadanos en el momento que teníamos el semáforo en verde para transeúntes, y podíamos caminar; puesto que los automotores públicos se encontraban quietos con el semáforo en rojo para ellos, de repente, tres ciclistas sin parar aparecieron y nos empujaron, sin dárseles nada siguieron su camino.
El domingo pasado, iba conduciendo por la Avenida Boyacá, a eso de las 9 de la mañana, sorpresa la mía cuando un ciclista iba por mi vía, ocupando el puesto de un carro. Me pregunto, ¿por qué no usó la ciclovía?, realmente hacen lo que quieren.
Hace algún tiempo también una señora con su pequeño bebé, se bajó de un bus y nuevamente un señor de estos sin medir las consecuencias de su velocidad y no previendo que los buses paran para dejar a las personas no se detuvo a pensarlo y siguió su desenfrenada carrera por entre el bus y la acera, ocasionando también la caída de ésta y su bebé; el ciclista viendo lo que había hecho, paso seguido llegó la policía le echaron la culpa al conductor de bus sin tener razón; pues éste había dejado a la dama en cuestión en el paradero y muy cerca de la acera.
Por otro lado no se movilizan por las ciclo – rutas, como debe ser, se meten entre uno y otro carro, ruedan a gran velocidad y nadie los detiene ni les dice algo, si acaso es para molestarlos por el casco, pero ninguno los exhorta a tener conciencia ciudadana, que sepan que no son los dueños de las vías y las vidas por más que algunos dirigentes populistas los respalden por aparecer como defensores de los “indefensos” y ganar voticos para las próximas elecciones. De verdad es un hecho que quieren contra viento y marea que todos nos subamos en los caballitos de acero para imitar a otros países, no importa las dificultades que muchos puedan tener.
No hay una circulación libre de bicicletas, hay una gran desbandada de personas que se montan irresponsablemente en sus caballitos salvajes de acero, sin casco, sin reflectores; además, si es de noche van con ropa oscura para que los conductores no los vean.
Pero es el momento de pensar en las normas que van a favorecer las vidas de ellos, las de los indefensos transeúntes, y la de los despistados conductores. Así como están promocionando el uso de la bici, es el tiempo de la promoción de normas que salven vidas. Y eso que contando más, faltaría decir que las ciclas que no son atropelladas, le rayan el carro al conductor y salen corriendo en sentido contrario, usan andenes, calles, contravía, y… hasta nunca.
El diagrama causa-efecto está presente en estas acciones de las vías públicas, el efecto es que el conductor del carro siempre tiene y tendrá la culpa, sin importar la causa, que generalmente es un ciclista sin normas. No hacemos alusión a defender a uno o a otro, es el de reflexionar para cuidar la vida de todos.
Por lo tanto, el espíritu de la contaminación debe extinguirse, pero no reemplazarse por el espíritu byciclus aggressivus. Mejor pensar en las placas, el vestuario claro y reflectivo, protectores, uso de ciclo rutas, ciclo vías, parada obligatoria cuando la luz roja del semáforo esta activa, no zigzaguear como las motos, pensar que ellos también fueron o son transeúntes. Ahora no es solamente compartir una vía, sino cuidar de la gente que cruza, ellos también la comparten en su tiempo, en su momento.
(*) Proyecto de Comunicación “Leo lo que Veo”





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