Por: Carlos Noriega
El pasado 14 de octubre, el dólar rompió récord en su precio de cotización; situándose en los escandalosos 4.700 pesos por unidad.
Un hecho no menor que se robó, merecidamente, la atención de propios y extraños dada la dura coyuntura económica actual y su inevitable empeoramiento en el corto plazo.
Para mala suerte de todos, y como dicen las abuelas, las malas noticias nunca vienen solas, y ese viernes negro no fue la excepción.
Paralelamente a este récord en precio, en el mercado secundario los T.E.S empezaron a cotizar con un interés del 14%; desde el bono con vencimiento a cinco años.
Como breve pero necesario recordatorio, estos Títulos De Tesorería (TES), son una de las principales formas de financiamiento que tiene el Estado colombiano, así como uno de los mejores termómetros sobre la confianza inversionista en la deuda pública; que en palabras castizas significa si creen, o no, que el Estado tendrá los recursos necesarios para honrar la deuda, incluido intereses, llegada la fecha de pago.
Con esto claro y en mente, lo primero a resaltar es que la simple tasa lanza una muy mala señal, ya que la relación mayor tasa, mayor riesgo es directamente proporcional.
Por otro lado, debido a que el ritmo de crecimiento de esta tasa no ha mermado desde que comenzó el 2022, se transforma en un primer campanazo de alerta sobre una crisis de deuda pública sin precedentes en los próximos años.
No obstante, lo más preocupante del asunto no recae sobre las aristas financieras, ni en la dejadez del gobierno nacional sobre el tema, si no por su -presunto- empeño en impulsar esta crisis.
Hablo directamente del anuncio del presidente sobre la forma de pago de las tierras que comprará a FEDEGAN, en su “acuerdo histórico” protocolizado hace pocos días.
Cualquiera con someros conocimientos en inversión, puede deducir que esa emisión, por valor de 60 billones, va a licuar el valor de los TES en los próximos años, siendo aún menos atractivo meter su dinero en ese bono.
Me parece que Petro ha sido demasiado ligero e irresponsable con el anuncio, y da más comprensión sobre la reacción negativa de Ocampo en medios sobre dicha propuesta.
La otra cara de la moneda es que, al aumentar el costo de la deuda pública, cosa hoy real pero que puede empeorar considerablemente por lo de FEDEGAN, el gobierno no tendrá más remedio que realizar otra Ley de Financiamiento para el 2025 aumentando la presión fiscal en el país; con los costos socioeconómicos que ello significa.
Como nota final, y ultimo clavo a este ataúd, a toda esta bomba de relojería hay que sumarle el empeño de Petro, Vélez y compañía de destruir el sector minero energético extractivista del país, otra puñalada a las finanzas públicas que presionará el ascenso del costo de la deuda.
Ya se va esclareciendo el porqué del arrepentimiento y mea culpa de muchos “economistas académicos” por su voto.
