Por @lilimariagomez
Esta mañana una amiga me propuso que escribiera sobre la situación en la que vivimos las mujeres solteras o separadas en un momento en el que cada día se vuelve más difícil construir una relación con hombres que o no quieren comprometerse, o están comprometidos y quieren una relación paralela, o están confundidos, o perdidos, o simplemente son unos pelmazos. Pues bueno, decidí hacerle caso y escribir sobre este tema, no sin antes claro haber hablado con amigas y amigos sobre el asunto. Las amigas se quejan de lo que ofrece el mercado y los amigos, o por lo menos uno de ellos que es al que me voy a referir me hizo el siguiente análisis:
En Colombia hay más mujeres que hombres. Entonces, digamos que el 45% de la población son hombres, de ese porcentaje la mitad tienen otros intereses o han tomado otra opción sexual, queda el 22% de esos la mitad están casados, queda el 11% de esos la mitad están comprometidos, queda 5.5%, de esos la mitad no quieren relaciones, queda el 2.75%, de esos la mitad no le van a gustar, queda el 1.37%, de los cuales a la mayoría le gustan más jóvenes, o más bonitas, o más inteligentes. Así que si encuentra a alguien que le guste y que sea inteligente y la trate bien pues acéptelo, no importa que otros defectos tenga o si está casado porque al final eso es lo que hay.
Yo de esa conversación salí convencida de que prácticamente tenía que dar gracias de rodillas al hombre que me mirara, porque hay pocos, porque el mercado esta muy competido y porque en últimas ya estoy separada y tengo más de 30. Mejor dicho, me dije a mí misma que de ahora en adelante, iba a ser más tolerante y muchos menos exigente. O lo que es lo mismo que iba a aguantar lo que pasara (por supuesto no irrespetos o maltratos), pero de resto iba a aceptar que no se comprometiera, que le diera miedo tomar decisiones, que me ignorara a veces, que a veces me hablara y a veces no, incluso que me dijera que se iba a ir de su casa (porque se estaba separando) y que después de cinco meses o más, eso no sucediera.
Esta visión algo triste, resignada, sin esperanza me duró casi un mes, hasta que me dije a mí misma, eso que siempre le oí a mis abuelas y a mi mamá: Mijita, mejor sola que mal acompañada. O el típico ni que fuera la más fea, o la más bruta para que se contente con cualquier cosa. Entonces, antes de decidirme a está nueva forma de pensar, me puse hablar con amigas y en su mayoría están en relaciones que nos las llenan, pero se quedan porque “es lo que hay”, “es que a los hombres ya no les gusta comprometerse”, “es que me lo aguanto para tener con quien salir”, “es que sí no es él me voy a quedar sola como una ostra”, es que si uno sale con alguien es más fácil que alguien más lo invite”…
Es que esto, es que lo otro y al final todas nos vamos quedando en relaciones que no ofrecen futuro, pero que además tampoco nos permiten disfrutar el presente. El caso es que salimos con el “pior es nada” que tal vez esté casado, pero nos prometió que se va a separar (o tal vez ni siquiera prometió y sin saber ni cómo, ni cuando nos pusimos en el papel de amantes), o estamos con el que nos trata como si fuéramos la segunda o la tercera opción con la que se sale porque no hay más, o con el que nos ignora los fines de semana que ocupa con otra u otras, o con el que tiene como prioridad su trabajo, o su familia, o religión, o lecturas de fin de semana.
Nos vamos acostumbrando a estas relaciones que no nos llenan, sabiendo que queremos una relación de 7 días a la semana, 24 horas al día, que queremos ser la prioridad, que queremos ser tratadas y que nos hagan sentir como la mejor opción (como la única). Estamos yendo en contravía de lo que sentimos, sólo para tener un hombre al lado, o para decir que estamos en una relación o para tener acceso a ese 1.37%, y en el camino se nos olvida que para entrar en una relación debemos aprender a querernos, a respetarnos y a tratarnos a nosotras mismas como prioridad. No es posible que sigamos permitiendo que nos traten como productos desechables, que se usan, se maltratan, se tiran y al final no importa porque el mercado está lleno. No podemos seguir entregando nuestros corazones como si estuvieran en día de promoción. Somos nosotras las que debemos empezar a respetarnos y todo empieza por saber elegir a la pareja que queremos y que empecemos a exigir lo que consideremos que merecemos en una relación.
Tal vez al final, nos quedemos solas… O tal vez en la medida en que seamos conscientes de que no estamos en promoción empecemos a encontrar en nuestro camino hombres coherentes, fieles, leales, sinceros, honestos, que nos entreguen su corazón con la seguridad que en nosotras han encontrado un tesoro. O tal vez simplemente estoy soñando y para hacer real ese sueño por el momento me quedo sola porque yo no estoy en promoción.





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