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Por: Javier Mozzo Peña

Donald Trump cuenta los días para su segunda llegada a la Casa Blanca. Una de sus primeras publicaciones en la red social X esta semana señala: “35 días para salvar a Estados Unidos”. 

No necesita recordarlo. Todos tienen bien presente el 20 de enero de 2025: amigos y enemigos; los que se van a beneficiar y los que no; quienes esperan estar en la lista de su legado y aquellos que nos les interesa. 

Trump ha sido el presidente de facto de la superpotencia mundial desde que arrasó en las elecciones del pasado 5 de noviembre. Se ha encargado que así quede claro, anunciando a los cuatro vientos los nombramientos de sus más cercanos colaboradores y esbozando sus líneas de acción. Es omnipresente en las redes sociales.

Aprovechando las muy limitadas apariciones de Joe Biden, Trump se ha apropiado de la vocería de la poderosa nación.

El advenimiento de la segunda presidencia de Trump ha apurado a líderes mundiales y empresarios a acelerar el cumplimiento de muchas tareas pendientes, ante el regreso del “poder duro” en que el mandatario basará su liderazgo.

La nueva irrupción del republicano en la escena geopolítica mundial lo enfrentará a quienes quieren seguir socavando el orden liderado por Estados Unidos: Irán, Rusia y China. 

La llegada de Trump ha desencadenado algunos acontecimientos, poco previsibles antes de noviembre: La caída del régimen autocrático de más de medio siglo en Siria; la pérdida total de influencia de Irán en el Medio Oriente; la caída del canciller de Alemania y posiblemente de la actual administración de Canadá; el debilitamiento de Macron en Francia y el ascenso al liderazgo latinoamericano de un liberal libertario como Javier Milei en Argentina.  

“¡Ahí viene Trump! ¡ya llega!”, parecen decir quienes esperan al ilustre visitante.

Está claro que la segunda administración será muy distinta a la primera y es el contexto en el que se visualiza.

En su primer mandato, muchos de los planes del novato Trump eran rechazados por sus asesores y por un Congreso que no le copiaba. El propio Trump dijo que en esa época “todo el mundo se peleaba conmigo”.

Hoy, con más de 70 millones de votos y un Congreso a sus pies, todos lo estiman. “Todo el mundo quiere ser mi amigo… no sé, mi personalidad ha cambiado algo”, expresó.

Por el lado de los empresarios, los líderes de las más grandes empresas tecnológicas han hecho fila para visitarlo en la Florida. De más está mencionar el papel preponderante del magnate Elon Musk en la campaña, que se extenderá cuando se haga cargo de una agencia que buscará recortar el tamaño del estado; eliminar el despilfarro presupuestal; y reducir las enormes regulaciones, trabas y permisos que deben cumplir las empresas. 

Bien temprano esta semana, el director ejecutivo del japonés SoftBank, Masayoshi Son, flanqueado por Trump, anunció una inversión de USD$100.000 millones en Estados Unidos en los próximos cuatro años.

En el exterior, Europa está acelerando el objetivo de aumentar el gasto en defensa al 3% del PIB y promete alcanzarlo en junio del 2025. Pero, al terminar la semana, el equipo de Trump sorprendió al informar que el mandatario quiere que ese gasto sea más alto, del 5% del PIB.

Lo que viene es un enfrentamiento fuerte, pues el duro compromiso de elevar el gasto en defensa ya había dejado atrás a muchos gobiernos europeos desde la primera administración de Trump, lo que desató la ira del presidente. Tan es así que los amenazó con retirarse de la alianza de la OTAN y dejarlos a su suerte frente a las ambiciones de Rusia.

El propio Joe Biden ha acelerado hasta donde ha podido la aprobación de más ayuda militar a Ucrania, anticipando un posible cambio de postura de Estados Unidos hacia esa nación. 

Noruega anunció esta semana el envío de USD$242 millones y más asistencia. Otros como Francia, han planteado incluso el envío de pie de fuerza a Ucrania.

A la advertencia de Trump de imponer punitivos aranceles a las importaciones, México y Canadá se pusieron las pilas. Los dos socios en el tratado comercial quieren mostrar hoy que están dando pasos ciertos para cerrar el paso a inmigrantes ilegales y controlar el tráfico de metanfetaminas y cocaína a Estados Unidos.

Canadá anunció un plan de USD$1.300 millones para reforzar la seguridad en la larga frontera con Estados Unidos.

Arabia Saudita e Israel están cerca de normalizar sus relaciones, algo que fue iniciado en el primer mandato de Trump en desarrollo de sus Acuerdos de Abraham. Las tratativas se fueron al traste con la masacre de israelíes a manos de Hamas el 7 de octubre del 2023.

A propósito, en Gaza, los líderes que aún quedan de la milicia pro iraní de Hamas parecen dispuestos a sentarse a negociar la entrega de rehenes y cadáveres que aún tienen en sus manos, varios de ellos estadounidenses. Trump advirtió que, si antes del 20 de enero no son liberados, verá caer toda la furia de su país.

La que parece no estar enterada de que Trump retorna a la presidencia es América Latina. Aparte de Argentina, los demás países no se mueven para mostrarse siquiera más cercanos. 

Muchos, como Colombia, no expresan interés en tender puentes con la nueva administración. 

Colombia daría un muy buen primer paso hacia ese propósito, atendiendo la generosa oferta de aviones de combate de Estados Unidos para remplazar su obsoleta flota. Trump lo vería con buenos ojos.

@javimozzo

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