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Por Javier Mozzo Peña

Los más recientes acontecimientos en Siria y la manera cómo se están desarrollando pueden estar incubando un nuevo enfrentamiento en el Medio Oriente: el de Turquía e Israel.

Sin que se resuelva aún la otra multitud de problemas que azotan a la región, los enormes intereses de esas dos naciones en Siria pueden llevar a que con el más mínimo error que cometa alguno de los dos, se pueda llegar a otra confrontación.

Hasta ahora, las dos naciones han dejado sobre la mesa las cartas territoriales con las que van a jugar en el nuevo escenario abierto al comenzar este mes. No comparten frontera, pero desarrollando sus objetivos en territorio sirio, existen escenarios en los que parece que no se llevarán tan bien.

Veamos: será difícil convencer a Turquía que abandone su empeño de ver regresar a los millones de refugiados sirios que están en ese país. Ese ha sido un motor que la ha llevado a apoyar a los rebeldes que hoy mandan en la administración interina de Siria.

A Turquía también le interesa que no se expanda la cuestión kurda, así como que se pueda usar a Siria como tránsito para exportar las enormes reservas de energía de las monarquías del Golfo Pérsico hacía Europa.

Israel, por su parte, espera militarizar y proteger su frontera en los altos del Golán para evitar una nueva confrontación con cualquier otro grupo islámico. Quiere alejar la posibilidad de que se asienten milicias como las apoyadas por Irán, que vuelvan a amenazar al estado judío. Le ha costado demasiado azotar y dejar menguados a Hamas y Hezbulá. 

Turquía e Israel han dado pasos muy importantes para lograr esas aspiraciones. Hasta ahora, no se han cruzado militarmente, pues los separan centenares de kilómetros y tierras desérticas. Pero el equilibrio es frágil.

¿Qué podría desatar una confrontación turco-israelí? 

Que el apoyo turco a los rebeldes se salga de las manos y pueda llevar a la instalación de un régimen islámico que quiera amenazar nuevamente la existencia de Israel.

Siria ha sido usada para que las milicias en Líbano, Gaza y Yemen, apoyadas por Irán, reciban toneladas de pertrechos. Su territorio también sirvió para montar bases de entrenamiento para miembros de Hezbulá. Se asemeja a lo que ha hecho Turquía con los rebeles que hoy controlan Siria.

Igualmente, que parte de los millones de refugiados sirios que regresen a su país, ante las crecientes necesidades económicas y sociales, sea contratada por el nuevo régimen apoyado por Turquía para atacar a Israel.

Eso provocaría no pocas reclamaciones sino acciones concretas de este último país que, como ya se ha visto, no se va por las ramas a la hora de responder a las acometidas contra sus ciudadanos.

Asegurar la frontera sur con Siria también sirve a Turquía para alejar el anhelo de millones de kurdos por tener una nación propia. Por años, los kurdos han aspirado a tener un territorio propio que ocuparía parte de Siria, Turquía, Iraq e Irán. Y lo han pagado con miles de muertos.

En resumen, Turquía aspira a recibir algo más que las gracias a cambio de su apoyo a la caída del régimen de Al Assad. 

Israel, por su parte, quiere ejercer absoluto control de los Altos del Golán, en la frontera con Siria.

Para ello ya se aseguró una base sólida en el monte Hermón, de 2.900 metros sobre el nivel del mar, con lo que vigilará regiones que han servido de base para ataques a sus ciudadanos: el sur del Líbano y la frontera suroeste de Siria.

Igualmente, en los últimos días y aprovechando la interinidad política e institucional siria, emprendió una campaña masiva de ataques contra la armada, la marina y las bases militares que Al Assad mantenía.

En unas 400 incursiones, prácticamente destruyó el 80 por ciento de la fuerza armada, con lo que se cercioró que por mucho tiempo no va a ser blanco de incursiones por tierra o mar.

Eso precisamente podría hacer alterar el equilibrio turco-israelí. La nueva administración siria querrá reconstruir la fuerza armada que destruyó Israel con material militar turco. Al fin y al cabo, es lo que más tiene a la mano.

Turquía se ha convertido en un fabricante y proveedor de pertrechos en los últimos años, que no tiene tranquilos a muchos observadores en Occidente. 

Ante los movimientos en la frontera suroeste de Siria, varios asentamientos de drusos manifestaron su deseo de ser anexados por Israel, para recibir seguridad en caso de que se consolide un régimen islámico que emprenda una persecución a esa y otras etnias.

Ello no solo le dará a Israel control adentro del territorio sirio, sino un colchón de seguridad mucho más amplio que pueda manejar eficientemente ante arremetidas islámicas.

El actor principal que se mantiene entre telones, Estados Unidos, ha mostrado su fuerte apoyo a Israel. Desavenencias y enfrentamientos como los vistos con la administración de Joe Biden desparecerán con la llegada de Donald Trump el 20 de enero. Eso lo ha dejado saber el mandatario electo en múltiples oportunidades.

Trump se ha mostrado totalmente a favor de aumentar su apoyo a Israel y, con seguridad, no lo dejará solo en caso de un desequilibrio con Turquía.

El tiempo dejará ver cómo cierra el 2024 y cómo arranca el 2025 en el Medio Oriente.

@Javimozzo

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