El Imperativo de un Acuerdo Político Nacional
Por : Fernando Salgado MD
Hoy recordaba a Fernando Savater cuando decía: “Quienes son respetables son las personas, no las creencias. Las opiniones no son todas respetables. Si así hubiese sido, la humanidad no habría podido avanzar un solo paso.”
Esta profunda reflexión nos indica sobre dónde depositamos nuestro respeto y, en consecuencia, nuestro potencial para avanzar como sociedad. Lo que sugiere Savater es que no son las creencias o las ideas en sí mismas las que merecen el respeto, sino las personas que las sostienen y desarrollan desde una actitud crítica y reflexiva.
En otras palabras, nos alerta contra el peligro de equiparar todas las opiniones de forma indiscriminada. Si cada creencia, sin importar cuán infundada o ilógica fuera, recibiera el mismo respeto, se facilitaría la perpetuación de ideas sin base crítica. Esto, a su vez, estancaría el progreso, dado que el avance humano requiere un constante cuestionamiento, análisis y evolución de las ideas existentes.
Por ello Savater afirmaba que el crecimiento y la transformación social nacen de la capacidad de las personas para desafiar y reformular sus propias creencias. Al respetar a quienes están dispuestos a dudar, a confrontar lo establecido y a buscar nuevas formas de entender el mundo, se fomenta una sociedad dinámica y abierta al cambio. Así, la verdadera dignidad reside en la persona comprometida con su propio proceso de aprendizaje y autoevaluación, no en la simple adhesión a dogmas o tradiciones sin un examen crítico.
Esta postura es especialmente relevante en contextos donde se debaten cuestiones éticas, políticas o culturales. El respeto, en este sentido, debe basarse en la calidad del pensamiento y la voluntad de trascender opiniones superficiales, lo que permite que la humanidad avance y evolucione constantemente.
Es por ello que pienso que lo más urgente en Colombia, es lograr un acuerdo político que no es más que un entendimiento entre las principales fuerzas políticas del país para establecer reglas de juego claras y compartidas, que permitan gobernar en medio de la diversidad y el pluralismo. No se trata de un simple pacto entre líderes políticos, sino de un real esfuerzo si se quiere un sacrifico para sentar las bases de una convivencia democrática justa y duradera.
En estos momentos de preocupante inestabilidad política, social y de extrema violencia, se hace urgente la construcción de un gran acuerdo de este tipo. Un acuerdo que trascienda los intereses particulares y las agendas cortoplacistas, y se enfoque en las necesidades reales del país y sus ciudadanos en el corto, mediano y largo plazo. Este acuerdo por supuesto, debe ser incluyente, abierto al diálogo y la participación de todos los sectores políticos, sociales, económicos, gremiales y en especial los ciudadanos.
El acuerdo, debe plantear principios y reglas claras sobre el reconocimiento por parte de todos los sectores políticos sobre el ejercicio del poder, la independencia de poderes, la alternancia del poder, los mecanismos de resolución de conflictos y por encima de todo la garantía de los derechos fundamentales y el respeto a nuestra constitución política.
Es fundamental que todos nosotros, como ciudadanos, convoquemos a esas fuerzas políticas, sociales y a todos los ciudadanos de Colombia a sumarse a este esfuerzo. Más allá de nuestras diferencias, estamos llamados a anteponer el bien común, actuando con sensatez, respeto y moderación. Solo así podremos superar la crisis actual y construir las bases de una verdadera democracia sólida y duradera, capaz de responder a las legítimas demandas de todos los ciudadanos, en especial de aquellos más pobres, marginados y vulnerables.
Lograr un acuerdo de este tipo implicará sacrificios y será indispensable que todos estemos dispuestos a realizarlos. El compromiso y la disposición de cada uno para dejar de lado intereses individuales en favor del bienestar colectivo son la clave para lograr consensos. Como dijo Franklin D. Roosevelt: «La única cosa que debemos temer es el temor mismo». En este sentido, el temor a ceder ante el otro puede ser el mayor obstáculo para el progreso.
Este es un momento crucial para Colombia. Debemos actuar con responsabilidad, visión de largo plazo y vocación de servicio. Antes de pedir a otros que se unan, debemos unirnos en torno a exigir este acuerdo político que nos permita avanzar hacia una nación más justa, equitativa y en paz.