Que no se cierre la economía

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Por: Javier Mozzo Peña

Un cúmulo de documentos y cifras publicados en lo que va del 2024 revelan el preocupante curso que está tomando la economía colombiana, que no es otro que su cierre paulatino al mundo. 

Aparte del inmenso costo que implicará recuperar lo perdido, es causa de lo que organismos internacionales han considerado como un paso hacia una “crisis en cascada”, con graves implicaciones sociales prolongadas.

En todo el 2023, el país no levantó el nivel de sus exportaciones y vio profundizar la caída de sus importaciones. Años de discursos con buenas intenciones de las autoridades colombianas en torno a remplazar la dependencia del petróleo y el carbón, de volvernos más competitivos, de convertir grandes pequeños emprendimientos se han quedado en eso: puras intenciones. 

Veamos qué revela una muestra de documentos y estudios. Según un reciente análisis de Analdex, las ventas de bienes “no tradicionales”, es decir, los que no incluyen los minero-energéticos, se desplomaron un 8 por ciento en 2023 comparado con 2022, no superaron los 20.000 millones de dólares y representaron apenas un 40 por ciento del comercio exterior. 

Lo anterior, de acuerdo con un documento de la CEPAL, en medio del duro contexto marcado por la invasión rusa a Ucrania, altas tasas de inflación, la ralentización de la economía mundial y las dificultades que enfrenta China. 

Colombia arrastra dificultades adicionales: falta de competitividad, elevados costos laborales y de servicios públicos, lánguida infraestructura de transporte multimodal, caída en la inversión privada, deslocalización de empresas, mayor endeudamiento público y elevados impuestos, entre muchos otros. Problemas que vecinos y países competidores ya tienen superados en muy buena parte gracias al concurso de sus gobiernos.

Las ventas de bienes minero-energéticos, que responden por el restante 60 por ciento de nuestro comercio internacional, se ubicaron el año pasado en niveles similares a los del período de prepandemia. Las exportaciones de estos productos ni siquiera llegaron a los 30.000 millones de dólares, con un desplome del 16 por ciento. 

Colombia no cuenta con un producto legal de gran exportación con el que sea reconocido mundialmente. En los que hemos intentado repuntar, el petróleo y el café, ya estamos siendo superados por otros países. Por ejemplo, aunque no compitamos en el mismo nivel de calidad, en el mercado mundial cafetero, tenemos fuertes rivales de muy reciente ascendencia como Vietnam. 

Dejar de exportar revela un par de problemas mayores: el espacio se lo dejamos a otros países que producen más, mejor y a menores precios. No es novedad que competimos en productos agropecuarios e industriales con Brasil, México, Ecuador, Guatemala y Argentina. 

La segunda dificultad es que lo que hemos dejado de invertir para ser más competitivos, se duplica y triplica para tratar de alcanzar el tren de la tecnología en la que ya están subidas esas naciones, aparte de la seguridad física y jurídica que aún no podemos ofrecer plenamente.

Por el lado de las importaciones la situación es la misma. La caída superó el 20 por ciento y no llegamos a comprar en el exterior ni siquiera 60.000 millones de dólares el año pasado, cuando en el 2022 habíamos superado los 72.000 millones. Aquí lo que se revela es no solo el alejamiento de las cadenas de valor, sino una consecuencia del poco ánimo para invertir.

La industria, por ejemplo, dejó de importar materias primas para su producción y eso se reflejó en un descenso de casi 26 por ciento en las importaciones.

Falta talento de nuestras autoridades gubernamentales para enfrentar el paulatino cierre comercial y no hay estrategias en marcha para ayudar a nuestros empresarios. Algo que vaya mucho más allá que alquilar el primer piso de una casa en pleno invierno, en un poblado suizo, para atraer visitantes “interesados”. Hablamos de algo que no es menor: generar divisas para 50 millones de habitantes.

Un talento que iguale y supere aquel con el que a finales de la década de 1980 y comienzos de 1990, el gobierno de Virgilio Barco puso a competir a la economía colombiana, con innegables resultados favorables. La apertura del mandatario liberal no fue mera retórica. 

Con un planeta que avanza en nuevas tendencias de la cuarta globalización en su historia, Colombia se está quedando atrás y mira cómo otros países se convierten en centros vitales de abastecimiento y producción, como lo es México para Estados Unidos. 

Todos juegan en la misma cancha del comercio mundial y comparten problemas similares. Pero es responsabilidad de los orientadores de política, de la mano con los empresarios, enfrentar y adaptarse a las dificultades para no mostrar desempeños tan deprimentes.

Escuchemos a nuestros empresarios y a quienes los representan, como a la presidente de la Cámara de Comercio Colombo-Americana, María Claudia Lacouture.

“Logremos encadenamientos con México y el Triángulo Norte como una manera de impulsar las exportaciones”, explicó esta semana la dirigente, para quien Colombia está lista para generar encadenamientos productivos en renglones como material eléctrico, autopartes, herbicidas, papel y carbón, y productos cerámicos.

Fijémonos la meta de ser el abastecedor mundial preponderante en uno o en varios productos de alto componente tecnológico e industrial y así empezar a superar el atraso. Alejémonos de estrategias ancladas en el pasado, que no llevan sino a un mal rendimiento.

@javimozzo

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