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La primera llega desde Venezuela.

La información conocida en las últimas horas sobre una operación militar contra alias «Niño Guerrero», uno de los principales jefes del Tren de Aragua, plantea interrogantes importantes sobre el futuro de las organizaciones criminales que durante años han encontrado refugio o margen de operación en territorio venezolano.

Más allá de los detalles específicos del operativo, el mensaje que perciben muchos analistas es que Venezuela podría estar dejando de ser un territorio tan seguro para grupos armados y organizaciones criminales transnacionales.

Y si eso ocurre, surge una pregunta inevitable para Colombia: ¿hacia dónde se moverán esos grupos?

La segunda señal viene desde Perú.

Una semana después de las elecciones presidenciales, los peruanos siguen esperando una definición clara sobre quién será su próximo mandatario. El estrecho margen entre los candidatos, sumado a impugnaciones y controversias sobre el escrutinio, ha prolongado la incertidumbre política.

La experiencia peruana deja una lección para Colombia.

En un país altamente polarizado, una diferencia mínima entre los candidatos podría abrir la puerta a disputas políticas, cuestionamientos sobre los resultados y una prolongación innecesaria de la tensión nacional.

Por eso, más allá de las preferencias ideológicas de cada ciudadano, el próximo domingo será fundamental que los colombianos participen masivamente en las urnas.

La democracia funciona mejor cuando los resultados son claros y cuando la legitimidad del proceso electoral no queda en duda.

¿Qué dicen las encuestas?

La más reciente medición divulgada por Guarumo y EcoAnalítica muestra una ventaja de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda en la intención de voto para la segunda vuelta. Según esa encuesta, De la Espriella registra 52,6 % frente a 45 % de Cepeda.

Sin embargo, toda encuesta tiene una limitación evidente: mide intención de voto, no votos depositados en las urnas.

Las elecciones no se ganan en los sondeos ni en las redes sociales. Se ganan el día de la votación.

Por eso, el principal riesgo para cualquier campaña es asumir que la victoria ya está asegurada antes de tiempo. La historia electoral está llena de ejemplos en los que el exceso de confianza terminó convirtiéndose en derrota.

La pregunta de fondo

Las elecciones del próximo domingo no solo definirán quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.

También pondrán a prueba la capacidad de Colombia para resolver sus diferencias políticas dentro de las reglas democráticas, aceptar los resultados y preservar la estabilidad institucional.

Mientras tanto, las señales que llegan desde Venezuela y Perú recuerdan que ningún país está aislado de lo que ocurre en su entorno.

A veces, las lecciones más importantes para el futuro de una nación llegan desde fuera de sus fronteras.

Pregunta del día:

¿Cree usted que Colombia necesita una victoria amplia para evitar disputas sobre el resultado electoral o considera que cualquier margen, por estrecho que sea, debe ser aceptado sin cuestionamientos?

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