Por Javier Mozzo Peña
Pasaron desapercibidas esta semana declaraciones del director de la inteligencia alemana, Bruno Khal, en las que advierte que Rusia tiene planes de enviar los que llamó “hombrecitos verdes” a los países bálticos, para medir la capacidad de respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
“Medirle el aceite” a la OTAN está en los planes de Rusia, según la agencia de espionaje alemana. Se quiere establecer si los compromisos con Estonia, Lituania y Letonia, con los que el oso ruso comparte frontera terrestre, tienen sentido o, por el contrario, con el desacoplamiento de Estados Unidos de Europa, esos países están prácticamente desprotegidos y no recibirían el respaldo claro del principal miembro de la organización en caso de un ataque o invasión terrestre.
“Estamos bastante seguros y contamos con la información de inteligencia que lo respalda, de que Ucrania es solo un paso más en el camino de Rusia hacia el oeste”, declaró Khal, de acuerdo con un despacho de la Agencia Reuters. “Esto no significa que esperemos que los ejércitos de tanques avancen hacia el oeste. Pero vemos que la promesa de defensa colectiva de la OTAN se pondrá a prueba”, expresó.
Establecer si los países bálticos -los más expuestos a Rusia- están bien resguardados por el artículo 5 de la carta de constitución de la OTAN luce fácil. Los “hombrecitos verdes” a los que se refiere el jefe de la inteligencia alemana serían similares a quienes estuvieron involucrados en la estrategia rusa que finalmente cuajó en el 2014 con la anexión de Crimea y luego en las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk en el 2021 y 2022.
Se vendían como “defensores” de la cultura, idioma y costumbres rusas que eran atacadas por políticas “neonazis” de Ucrania. Vladimir Putin siempre negó que estuvieran involucrados en una operación de ese tipo y dijo que eran fuerzas surgidas de los propios ucranianos oprimidos por el gobierno.
Tras la ilegal operación militar especial rusa, en abierta confrontación con el derecho internacional y con el apoyo de Bielorrusia, las acciones de los “hombrecitos verdes” se solidificaron con esos argumentos y aún hoy son usados en alegatos extensos de los embajadores de Rusia ante Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad.
Al final, Putin reconoció que sí eran miembros de las fuerzas armadas rusas los que provocaron los levantamientos “populares” en las regiones que quería controlar. El autócrata pavimentó sus planes con referendos de anexión no reconocidos por la comunidad internacional.
Los “hombrecitos verdes” lucen uniformes de fatiga, pero sin bandera y parece que ya están operando en los tres países bálticos para proteger a las minorías rusas “oprimidas”.
En efecto, no se trata de una misión de “protección” sino de abierta provocación, especialmente a Estados Unidos. La exhortación de Khal es que Rusia quiere determinar si la superpotencia mundial sigue firme en su compromiso de defensa en la OTAN o, como dijo alguna vez Donald Trump, dejará al Viejo Continente a su suerte ante los ataques rusos, por su incumplimiento en aumentar ostensiblemente sus presupuestos de defensa.
La ahora alineación a Rusia por parte de Trump tendrá una “prueba ácida” y nada detendría a Putin en ese propósito.
En una audiencia parlamentaria en octubre del año pasado, Khal ya había hecho advertencias que iban por ese camino, luego del arrasador triunfo de Trump. Para el principal espía alemán, el objetivo del Kremlin es dividir a Occidente, obstaculizar la capacidad europea para defenderse y forzar al ejército ruso en preparación para un posible ataque.
Cada uno de los países bálticos, en mayor o menor medida, tiene entre sus habitantes a ruso parlantes en las comunidades fronterizas, que, bien aceitados y preparados por la propaganda rusa, podrían estar advirtiendo sobre una posible campaña de “desrusificación” o de “neonazificación” por parte de los países huéspedes.
Al fin y al cabo, los países bálticos se han dedicado en los últimos años a remover cualquier vestigio de la ocupación soviética que siguió a la Segunda Guerra Mundial, en abierto desafío a Putin. Esas naciones sirvieron de escudo a los soviéticos por casi cinco décadas, pero en 1991, con el derrumbe de la Unión Soviética, toda la estrategia se fue al piso.
Estatuas, edificios y cualquier recuerdo de ese pasado han sido desmontados paulatinamente, algo que no ha caído bien en el Kremlin. Tras permanecer en garras de los nazis durante la conflagración mundial, cayeron en las de la Unión Soviética con iguales o peores resultados.
La predicción de Khal es que, a finales de la presente década, Vladimir Putin estará listo para lanzar un ataque a la OTAN.
El Kremlin está gastando más en su ejército que los países europeos y está reforzando significativamente sus fuerzas convencionales. Es cierto que la larga e infructuosa campaña ucraniana lo ha dejado agotado, pero consiguió el respaldo de Corea del Norte, China e Irán para continuar con el cumplimiento sus objetivos y nada indica que esa asociación se rompa.
El autócrata ruso quiere expulsar definitivamente a Estados Unidos de Europa y restaurar las fronteras de la OTAN de finales de la década de 1980, en su táctica de restablecer un nuevo orden mundial.
Bruno Khal pronto dejará su puesto. En julio del 2026 cumplirá 10 años al frente de la agencia de espionaje alemana en la que trabajan 6.500 funcionarios. Ojalá sus palabras sean escuchadas por el bien de Europa. Con Estados Unidos alejado, las advertencias que ha hecho públicas deben ser tomadas muy en serio.
@javimozzo