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Vacunación obligatoria

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Por: Carlos Manjarrez.-

Existe una certeza peligrosa que subyace bajo la narrativa dicotómica del mundo en cualquier tipo de crisis, la pandemia, por ejemplo, atizó si debíamos estar del lado de la seguridad y la salud o del lado de la libertad. 

Esta dicotomía aún persiste en numerosas posiciones, la vacunación representa un beneficio, eso no es discutible, numerosas enfermedades se han erradicado o están en proceso de erradicación gracias al desarrollo científico, sin embargo, la incapacidad de la sociedad en general para comunicar esos beneficios y la mala percepción institucional no es justificante para avanzar en detrimento de los derechos civiles. 

Podemos los seres humanos por consenso limitar ciertas libertades, de ahí no es consecuente el cercenarlas en nombre de la seguridad o la salud, mucho menos alegar que todo acto consecuencia de la libertad que potencialmente pueda afectar a terceros, esté sujeto a una prohibición o a persecución inmediata sin ningún tipo control, eso mismo sucede con las políticas que buscan desconocer libertades civiles con la vacunación obligatoria, pues el acto de responsabilidad y cuidado es esencialmente voluntario y autónomo.

Las creencias, formas de interpretar el mundo, culturas y secciones de comunidades humanas son tan variables; que hace inmoral ese tipo de mandatos coactivos que cercenan la toma de decisiones consciente de seres racionales con el mismo “valor” moral que los otros que le rodea.

En Colombia es supremamente fácil tomar esas medidas, pareciese ilógico hablar de libertad en las discusiones políticas; los políticos, académicos y activistas, pareciese que, superando toda diferencia superflua, interpretaran las normas como un concurso de prohibiciones, regulaciones y permisos.

Es imposible concebir un país de instituciones rígidas en la defensa de las libertades civiles; la intromisión del Estado en la vida de las personas está caracterizada por la carencia de juicios —aunque suene cómico—, las críticas de los académicos, políticos y activistas se centran en los sectores que se oponen a las prohibiciones de libertades.

La caracterización de irracional a todo aquel que se oponga a la pérdida de sus derechos, no significa que quien se muestre conforme con las fuertes limitaciones a las libertades sea un ser humano racional, al contrario, las consecuencias de las medidas que apoya, no solo afecta a terceros como lo haría una persona no vacunada, afecta a todo país en su vivir mediato y a largo plazo, la acumulación de prohibiciones construye un Estado más restrictivo que evoluciona y se adapta con el tiempo, condenando a nuevas generaciones a vivir bajo el yugo de la servidumbre.

Quizá un no vacunado tenga un potencial riesgo para consigo mismo o terceros, pero ni la enfermedad más mortal se compara con una dictadura sanitaria.

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