Por Javier Mozzo Peña
¿Cuál es el problema de tener la bomba nuclear? Su justificación ha sido siempre que disuade a los países de sus intenciones de atacar a su vecino o incluso a países al otro lado del planeta. Que puede ser considerado un hito en el desarrollo tecnológico al que todo país debería aspirar.
El problema es que, con el arma en la mano, arranca una carrera que no para. Que no solo acarrea enormes costos, sino que lleva a las naciones a un nivel tan alto de tensión, que cualquier error de cálculo o análisis equivocado de situación puede conducirlas a apretar el botón rojo y causar una tragedia de enormes proporciones.
Y con la comprobada debilidad de las instituciones internacionales encargadas de que eso no suceda, los riesgos son aún más altos.
Así lo vivió el mundo con las recientes tensiones entre Paquistán e India en la disputada frontera con Cachemira. Ambos poseen la bomba y no pocos pensaron que era cuestión de tiempo para que uno de ellos la usara para causar el mayor daño posible a su acérrimo enemigo. No sucedió, pero la amenaza sigue ahí.
Israel no iba a estar dispuesto en ninguna circunstancia a que Irán se hiciera con la bomba. Desde poco después de la instalación del régimen teocrático en 1979, los israelíes han vivido bajo la amenaza de su total desaparición emitida por los ayatolas.
Durante más de dos décadas, los líderes israelíes venían advirtiendo de los esfuerzos económicos y humanos iraníes por hacerse a la bomba -con la colaboración estrecha de Rusia- mientras que el régimen islámico lo negaba, diciendo que su programa nuclear perseguía solo fines civiles.
Tan es así que Irán suscribió el tratado de no proliferación de armas nucleares que data de la década de 1960, que hasta el día de hoy parece letra muerta. Con la adhesión, Irán quiso vestir de legalidad un programa de enriquecimiento de uranio que superó los límites que permiten el desarrollo nuclear para fines civiles de generación eléctrica o investigación, hasta llevarlo a objetivos militares.
Israel se cansó de que sus advertencias no fueran escuchadas y decidió tomar el toro por los cuernos. Con base en información de inteligencia, concluyó hace una semana que los iraníes estaban a muy poco de alcanzar su propósito y hoy, prácticamente, tiene paralizado no solo el programa nuclear iraní, sino a punto de acabar con el régimen de los ayatolas.
La gran fotografía muestra que, bajo las narices de la comunidad internacional, Paquistán, Israel, India y Corea del Norte se dedicaron en las últimas décadas a financiar, intercambiar tecnología y desarrollar sus propios programas nucleares con fines militares y hoy tienen a su disposición la bomba.
Se unieron al ya no “exclusivo” club de países nucleares: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
Un nada tranquilizador panorama para un mundo que no ha terminado de aliviar heridas históricas que tiene a varios países a punto de usar su arsenal militar nuclear contra otros.
El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) publicó esta semana su evaluación anual del estado de los armamentos, desarme y seguridad internacional y sus conclusiones son, francamente, desoladoras. Está surgiendo una nueva y peligrosa carrera armamentística nuclear, en momentos en que las instituciones encargadas de que eso se controle se encuentran gravemente debilitadas.
Casi todos los nueve países poseedores de armas nucleares avanzaron el año pasado con intensos programas de modernización nuclear, añadiendo “mejores” versiones para transportar, instalar y detonar la bomba. El resto del mundo cuenta con el Organismo Internacional de la Energía Atómica, que promueve el uso de tecnologías nucleares con fines pacíficos, pero no hace mucho por entorpecer ánimos armamentistas.
Veamos: Del inventario mundial total de aproximadamente 12.200 ojivas en enero del 2025, unas 9.600 se encontraban en arsenales militares para su posible uso. Casi 4.000 de esas ojivas de desplegaron en misiles y aeronaves y el resto estaba almacenado.
El 90% de ese armamento lo poseen Rusia y Estados Unidos, sin que signifique que el restante 10 sea menos peligroso y que lo manejen como les plazca países pequeños, subdesarrollados o en vías de desarrollo.
De acuerdo con SIPRI, unas 2.100 de las ojivas ya desplegadas se mantuvieron en estado de alerta operativa máxima en misiles balísticos.
Para el instituto, Estados Unidos y Rusia están en una franca tarea de aumentar su arsenal o al menos de modernizarlo, por lo que “la era de reducción del número de armas nucleares en el mundo, que se prolongó desde el fin de la Guerra Fría, está llegando a su fin”, según declaró Hans Kristensen, el investigador principal asociado del Programa de Armas de Destrucción Masiva del SIPRI.
Dice la institución que India ha desarrollado nuevos tipos de sistemas vectores nucleares que le permitirían transportar varias ojivas en un solo misil; Paquistán ha acumulado tal cantidad de material fisible, que podría expandir su arsenal nuclear en la próxima década; Corea del Norte está en las etapas finales de desarrollo de un arma nuclear táctica; e Israel realizó pruebas en 2024 de un sistema de propulsión de misiles relacionado con sus cohetes balísticos “Jericho”.
No hay quien controle todo este avance nuclear militar. La comunidad internacional contempla espantada como aumenta el armamento en poder de nueve países que también están usando nuevas tecnologías en los campos de la inteligencia artificial, capacidades cibernéticas, recursos espaciales, defensa antimisiles y tecnología cuántica. Todo para tener bombas atómicas al menor costo, más precisas y de mejor alcance, que asesten el mayor daño a la humanidad.
@javimozzo