Por Fernando Salgado MD
“El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes verdaderamente son». Pepe Mujica
A propósito del triste fallecimiento del expresidente José (pepe) Mujica, tal vez el ultimo y el único verdadero progresista que tenía la América Latina, como un científico social apasionado por la democracia y la justicia, es crucial analizar y entender la verdadera esencia del progresismo en nuestros tiempos.
En un contexto donde líderes populistas se autodenominan progresistas, es imperativo distinguir entre quienes abrazan la filosofía progresista y aquellos que simplemente la usan como disfraz para sus intereses populistas y autoritarios.
El progresismo, en su auténtica forma, es un movimiento reformista que tiene como objetivo primordial el progreso y el bienestar de la humanidad a través de la implementación de reformas sociales sustanciales.
A diferencia de los populistas, los verdaderos progresistas se adhieren a principios fundamentales como la defensa de la igualdad y la justicia social, la promoción de los derechos civiles y políticos, y la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones políticas.
La orientación a la reforma social es una piedra angular del progresismo, y es muy necesaria ya que busca transformar la sociedad a través de cambios significativos en áreas cruciales como la economía, la educación, la salud y los derechos civiles.
La preocupación por el bienestar social de todos los ciudadanos, la defensa de la igualdad de oportunidades y la eliminación de desigualdades son valores intrínsecos a la verdadera esencia del progresismo como ocurre en algunos países escandinavos como Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca conocidos por sus sistemas robustos, sus políticas de igualdad de género y sus esfuerzos por proteger el medio ambiente.
Canadá, España y de hecho alguna ciudades y estados en Estados de Estados Unidos que han adoptado políticas progresistas en áreas como la reforma de la justicia penal, la protección de los derechos de los inmigrantes y la lucha contra el cambio climático y por supuesto, Uruguay y el legado que nos deja el único progresista que tenia América Latina Pepe Mujica.
Es esencial que los gobiernos autoproclamados como progresistas en América Latina y en todo el mundo, sigan el ejemplo de líderes como Pepe Mujica, quien encarnó los principios genuinos del progresismo y evitó caer en los abismos de la corrupción y el totalitarismo.
En un mundo marcado por la incertidumbre y la polarización, es fundamental mantener viva la verdadera esencia del progresismo como un faro de esperanza y justicia para todos.
Solo mediante un compromiso genuino con la igualdad, la libertad y el bienestar de todos los ciudadanos, podemos avanzar hacia un futuro donde la verdadera justicia social, la justicia y sobre todo la democracia (seriamente amenazada en nuestra región) sean los pilares fundamentales de nuestra sociedad y como decía ese gran hombre que nos deja:
«La política es una pasión y se tiene o no se tiene, es como el amor. No se puede hacer política por decreto.